Salvar la patata de Galicia
Opinión
12 Feb 2017. Actualizado a las 05:00 h.
Esta última semana ha estado marcada en Galicia por la constatación de la presencia de la plaga de la polilla guatemalteca en algunos municipios del norte de la provincia de A Coruña y de Lugo, además de algunos del Occidente asturiano. Es lógico que haya generado preocupación e incertidumbre en los productores de patata y que se reclame a las Administraciones más agilidad en la toma de medidas para evitar que se propague a otras comarcas.
De momento, desde Medio Rural se ha determinado el establecer una cuarentena que afecta a 31 concellos, se han mantenido reuniones con los responsables municipales de las zonas afectadas para que eviten nuevas plantaciones; también ha habido encuentros con representantes de las organizaciones profesionales agrarias y de la Indicación Xeográfica Protexida Pataca de Galicia, todo ello con los objetivos de informar sobre la incidencia de la plaga, las medidas preventivas adoptadas y las previstas para atajarla y, sobre todo, para trabajar en coordinación todos los agentes implicados en el problema. Pero todas las decisiones de calado están a la espera de la publicación de un decreto del Ministerio de Agricultura, de momento en fase de borrador, que incluye la posibilidad de prohibir nuevas plantaciones en las zonas afectadas.
Al igual que otras plantas introducidas a partir de los siglos XV y XVI, la patata ha contribuido a paliar los períodos de hambre cíclicos de épocas pasadas y sustituyendo a otros cultivos básicos en la alimentación humana, como es la castaña.
Pero con la patata han llegado plagas y enfermedades que en determinados momentos históricos han causado hambrunas y epidemias con efectos demoledores en la población, traducidos en mortalidad y emigración; el caso irlandés de mediados del XIX es un referente.
A día de hoy, resultado de las inversiones en investigación y los mayores conocimientos agronómicos, el control de plagas y enfermedades de los cultivos en general, y de la patata en particular, es mas accesible que en épocas pretéritas, pues con la combinación de los medios de observación y seguimiento de las plagas y enfermedades, todo ello aderezado con la profesionalidad de los productores, estamos en condiciones de establecer las medidas de lucha química y biológica necesarias para salvar el cultivo de la patata.
Si bien es cierto que en Galicia, salvo en la comarca de A Limia, el cultivo de la patata está muy atomizado con una gran presencia del autoconsumo, es un cultivo con potencial productivo y con capacidad de desarrollo económico en bastantes comarcas de Galicia, especialmente en las cuatro subzonas amparadas en la IXP Pataca de Galicia (Bergantiños, Terra Chá?A Mariña, Lemos y A Limia). Con la polilla guatemalteca nos ha surgido un problema de urgente solución, pues la demora en la toma de medidas puede tener efectos tan devastadores como la plaga en sí misma. Aparte de las medidas coercitivas que se establezcan, la colaboración de todos va a ser necesaria. Estamos a tiempo de salvar la patata de Galicia.