A día de hoy
Opinión
17 Jul 2016. Actualizado a las 05:00 h.
Todos deberíamos tener un adíadehoy cerca para usarlo cuando fuese menester. Quedas bien y compromete lo justo. A día de hoy te quiero. A día de hoy, trabajo. A día de hoy, luce el sol. A día de hoy, respiro. El compromiso concluye con la medianoche, cuando la carroza se convertirá de nuevo en calabaza. Porque mañana puede que ya no te quiera. Mañana puede que me despidan. Mañana puede que no salga el sol. Mañana puedo estar muerta.
Pedro Sánchez nos ha regalado la frase más precisa para un tiempo refractario al compromiso. Desde que se puede cambiar de compañía telefónica sin que te penalicen, los contratos vitalicios han dejado de tener valor. Primero disolvimos el para toda la vida, esa especie de condena a perpetuidad que te incrustaba para siempre al mismo tipo, al mismo coche, a la misma empresa y a la misma marca de yogures. Fue una liberación, la verdad, pero los plazos se han ido acortando tanto que un día el compromiso concluirá cuando acabemos de expresarlo.
Este adíadehoy de Sánchez es una versión urgente del carpe diem, una licencia ibérica para hacer mañana lo contrario de lo que has dicho hoy, una fórmula para convocar a la contradicción sin tener que dar explicaciones. El poeta Horacio ha estado un par de milenios ofreciendo la excusa perfecta para liarla sin remordimientos, pues eso ha sido el carpe diem muchas veces, el abracadabra de haz lo que te plazca porque esto va a una velocidad que pasma. Porque sí, ese adíadehoy suena un poco a comuna jipi, a vive el momento porque vas a morir pronto.
Está bien esa invocación al hedonismo, que es lo contrario a las sujeciones enfermizas que tanta veces han impuesto las religiones, pero escuchar este adíadehoy a un líder político desvela el punto infantil de una sociedad que, como los niños, quiere tenerlo todo y tenerlo ahora. Viva el derecho a rectificar, pero a veces se agradecen las certezas.