La Voz de Galicia

La gente como usted, señor Iglesias

Opinión

Xosé Carlos Caneiro

22 Apr 2016. Actualizado a las 05:00 h.

Escribo en un periódico, pero no soy periodista. Quizá por ello no me acusen de corporativismo o defensa del sector por mis intereses profesionales. Aquí ya es tan fácil levantar el dedo acusador que seguir escribiendo lo que uno piensa, en plena democracia, ya parece un acto casi suicida (a no ser, obviamente, que estés en el lado de los infalibles, o sea, Podemos y así). Es que aún no he salido del asombro, o de la perplejidad, o esa sensación de que no ha habido en la historia de España nadie más siniestro que el señor Iglesias Turrión. Por su frialdad, porque es capaz de decir un día que los medios de comunicación tienen que ser controlados por el Estado y otro asegurar que escriben en contra de Podemos para medrar en la profesión. Qué distinguido y gentil es usted, señor Iglesias. Nadie le debe más a los periódicos que esta España. Ni la próspera América del Watergate. Han sido los periódicos quienes han hilado el tapiz de la democracia, sin ellos no seríamos lo que somos. Sin su osadía y sin su amor a la verdad. Ellos han sido la voz de los que no tienen voz. El eco de las luces. Las flores contra los tanques del totalitarismo. El periodismo que se ha hecho en España en estos cuarenta años de democracia, y el que se hace todavía, ha permitido que incluso los seres más abyectos puedan ser escuchados. En eso, también, consiste la libertad y la democracia.

La gente como usted, señor Iglesias, pretendería callar a los que no calló ni la opresión ni la dictadura. La gente como usted, que hasta deseaba que un general de los Ejércitos fuese ministro de Defensa, crearía su particular Ministerio de Propaganda: siempre al servicio del líder carismático. Los modelos son muchos. Los conocemos. De la Rusia leninista, esa que a usted aún lo estimula, hasta la barbarie practicada por los fascismos de la Europa de mediados del siglo pasado. Del Granma cubano a la televisión de Chávez, qué le voy a contar. La gente como usted reniega de toda pluralidad porque se cree en posesión de la verdad absoluta. Lo temo, señor Iglesias. Y no por sus ideas, sino por la máscara que de vez en cuando se quita o le quitan. Como ayer. Acusando a un periodista de «hablar mal de Podemos» para obtener beneficios profesionales.

Yo, que no soy periodista, ¿obtendré beneficios también por pensar, como dije arriba y reitero, que usted es el personaje más siniestro de la historia política de España? La gente como usted merecería solo silencio. Pero hasta en eso han sido generosos los periodistas. Algunos hasta lo han elevado a los altares. Otros, por fortuna, ya saben qué clase de gente es la gente como usted.

Que vivan los periódicos y que viva la libertad. Muy a su pesar, señor Iglesias.


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