La Voz de Galicia

El coche

Opinión

Fernanda Tabarés

27 Sep 2015. Actualizado a las 05:00 h.

Durante los años oscuros de la gran recesión, mientras España se devaluaba económica y sentimentalmente, la prensa alemana fomentó el mito del sur holgazán que se iba de cañas con euros alemanes mientras el mundo se derrumbaba alrededor. Frente al jolgorio imprudente de los pigs, los alemanes se sabían tan fiables como el motor de un BMW que ronronea mientras el viento mece el vello de tu antebrazo. Cuanto más profundo era el descrédito meridional, mejor era la reputación de esa Alemania firme y resistente convertida, ahora sí, en el general de Europa. Apenas se ha hablado de los réditos que la crisis reportó a un país al que solo la crisis griega le permitió ahorrar 100.000 millones de euros, un capitalón amasado a base de señalar a un tiempo las trapalladas estructurales de la retaguardia del continente y la solvencia ética de un norte entregado al rigor. Fue Alemania la que concedió matices morales a la tragedia económica. Hubo un momento en el que los gentilicios europeos pasaron a ser adjetivos que involucraban a todos los ciudadanos de un país en las porquerías de la crisis. Español como sinónimo de gandul, griego caradura, portugués incapaz... alemán responsable, prudente y digno. Por eso es probable que en Berlín estén a estas horas más preocupados por la gamberrada de Volkswagen de lo que lo estuvieron de verdad por la crisis. Uno de los símbolos de esa gran Alemania, la empresa que considera sus vehículos El coche (Das auto), engañó, manipuló y mintió con el mismo tesón con el que algunos amañaron sus cuentas públicas. Parecen griegos.


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