La dicción de los actores
Opinión
17 Sep 2015. Actualizado a las 05:00 h.
Vale que les pase a los políticos. ¿Pero se han dado cuenta cómo los actores y actrices españoles han ido perdiendo calidad en la dicción? Fíjense. Cada vez hay más artistas de la escena que tienen poco de artistas del lenguaje. En vez de bordar los diálogos, de mezclarlos en su punto justo con los sentimientos, para transmitir lo que diga el guion (pena, alegría, tristeza, euforia, amor...), lo único que hacen es atropellar las palabras. Se tragan vocales. Se saltan las pausas, no dejan respirar al silencio. Entre los que no saben vocalizar y pronunciar bien, hay supuestas estrellas de nuestro cine y de nuestra televisión. Y es que cada vez hablamos menos y peor. Solo nos dedicamos a teclear en las pantallitas y así nos va. De tanto abreviar con los teclados, recortamos también al expresarnos. Y así estamos convirtiendo a uno de los idiomas más bonitos, el castellano, en un habla de aluvión, de relleno. Un espanto. Hace poco lo decía Rafael Álvarez, El Brujo, uno de los grandes. Un actor que todavía sabe cómo encabalgar lo que cuenta un texto con el sentimiento que transmite. Y recordaba con razón que si pones películas de hace unos años del cine español alucinas con la diferencia. Antes, Fernán Gómez o Paco Rabal o José Sacristán sabían tocar música con las palabras. No se tragaban ni una coma. Conocían el arte de entonar con la fuerza justa para que el patio de butacas de un teatro se conmoviese, también los de la última fila. Qué voz la de José Rodero. Y ahora tenemos a un montón de chiquillos que parece que hablan como si se hubiesen tragado un sapo con un petardo dentro a punto de estallar. Actores y actrices que justifican su falta de dicción en su origen en una u otra comunidad. No es un problema de nacimiento. Es un problema de falta de arte.