La Voz de Galicia

Abuela(s)

Opinión

Tamara Montero

08 Aug 2014. Actualizado a las 07:00 h.

Mi abuela se fue un domingo por la mañana. Hacía tiempo que ella no se acordaba de quién era yo, pero yo sí me acordaba de quién era ella. Así que la noche anterior me senté al lado de la cama de la residencia de mayores, esa que se pagaba con esfuerzo y una ayuda a la dependencia. Y le conté de nuevo que no he probado mejor desayuno que las sopas de pan duro con Eko que ella me preparaba por las mañanas. Que mi golosina favorita sigue siendo el tiburón de diez pesetas que nos compraba al volver del cole el día de su cumpleaños. Que cuando llega el verano todavía espero que me despierte el olor de la empanada cociéndose en el horno para el día de playa. Que por casa todavía trastea ese cuchillo de hoja gastada y fina como un escalpelo con el que pelaba, cortaba y repartía manzanas. Que no he encontrado aún otras manos que me consuelen como las suyas. Que nadie es capaz de calmarnos la sediña nos dentes como lo hacía ella. Que a veces todavía desafío a su diabetes escondiendo una onza de chocolate para ella. Que ahora ya soy capaz de comerme la codia del queso. Que le costó años convencerme de que no se tiraba, que también estaba rica. Que todavía me sonrío cuando veo sus gafas, recordando la concentración con la que leía el periódico todos los días. Que todavía me acuerdo de Cristal y Cassandra. Que los viernes todavía es noche de Luar. Que a veces se nos escapa que hay que encender la tele, que van a dar el parte. Que papá sigue siendo el de siempre. Que mamá cada día se parece más a ella. Y estos días también me gustaría poder decirle que abuela, los de Madrid han vuelto a empuñar la tijera. Y no tienen corazón. O por lo menos no han tenido abuela.


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