La Voz de Galicia

¿Por qué Podemos sube y sube?

Opinión

Roberto L. Blanco Valdés

06 Aug 2014. Actualizado a las 07:00 h.

Hace unos meses nada se sabía de Pablo Iglesias (el de ahora) y de Podemos. Hoy, según el último barómetro del CIS, Podemos parece asentarse como la tercera fuerza política española, a solo seis puntos del PSOE (un partido que ha jugado un papel esencial en la construcción de la España democrática) y a 15 del PP, que, además de sostener el Gobierno de Rajoy y el de muchas comunidades y ayuntamientos, es heredero de UCD, pieza central del consenso que permitió acabar con el constante tejer y destejer de nuestra historia.

¿Por qué una fuerza política que no ha gestionado nunca nada, y cuya capacidad de hacerlo es, por tanto, una incógnita absoluta, se ha convertido en un fenómeno social apoyado por millones de personas a las que les costaría definir qué haría Podemos si llegase a gobernar un municipio, una comunidad y -ya no digamos- el conjunto del país?

La pregunta se contesta por sí sola: el apoyo a Podemos no es fruto de sus pretendidas propuestas, sino de los graves y constantes errores de los partidos del sistema, es decir, de los que Podemos, con gran desprecio, ha dado en calificar como «la casta». De hecho Podemos no ha tenido hasta la fecha otra habilidad -lo que no es poco, ciertamente- que recoger el hartazgo con una forma de hacer política que, como poco, resulta manifiestamente mejorable.

Todo el que sabe algo del asunto, conoce que la buena política es en democracia un ideal: aquel según el cual, los partidos y sus dirigentes, todos preocupados por el bien común, compiten entre sí con el objetivo de lograr la mejor defensa de los intereses generales. Las cosas, claro, no suceden de ese modo en parte alguna, pero no en todas la realidad se aleja de ese ideal en idéntica medida, de modo que hay lugares donde la buena política ideal se transforma en la realidad en nada más que regular y otros, como acontece en España, donde se convierte en una política definitivamente impresentable.

El PSOE no solo crítica al PP por gobernar mal, según su juicio, lo que es normal, sino que le niega la condición de partido plenamente democrático, de forma que toda la política socialista desde la oposición, tras la derrota de González, han sido variaciones sobre un tema: el famoso dóberman de la infausta campaña electoral de 1996. El PP, por su parte, además de acusar al PSOE, con pleno derecho, de haber llevado al país a una crisis de caballo, trata de convencernos, además, de que aquel ya no es una alternativa legítima, sino la cabeza de una melé de antisistemas, lo que, a fuerza de insistir en ello, podría acabar por convertirse en una profecía autocumplida.

Más allá de corrupciones y mangancias, es esa nefasta política la que ha convertido a Pablo Iglesias en el rey del mambo, pese a decir cada día una tontería mayor que el anterior. Una desgracia.


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