Verbenas con proyecto técnico
Opinión
19 Jun 2014. Actualizado a las 07:00 h.
Es conocido el dicho de que nadie debería llegar a ministro sin haber tenido un empleo o presidido su comunidad de vecinos pero, dado que escasean los trabajos sin gestión del partido y tampoco se venden muchas viviendas, me atrevo a proponer que nadie llegue a gobernar sin haber pasado por la comisión de fiestas del pueblo. No es cuestión menor, organizar verbenas supone una inmersión a fondo en la burrocracia y nada mejor que empezar como víctima antes de dar el paso a verdugo.
Cuando suene el Suspiros de España, hermoso himno, y la parroquia se arranque por pasodoble, sepa que la comisión ya habrá apechugado con el pago a la Sociedad de Autores y cumplimentado la solicitud de autorización, la memoria de actividades, seguro de responsabilidad civil, autorización preceptiva, licencias, acreditaciones, documentaciones... e incluso un proyecto técnico en plazo y forma sobre el grupo electrógeno y la sesión vermú. Si la fiesta congrega a más de 20.000 personas, hay que contratar a alguien para que sitúe en el mapa las entradas, salidas, ambulancias y demás detalles de un «plan de autoprotección» exigible por la Xunta .
El cerco apremia en responsabilidades por enganche eléctrico de atracciones, mesas, chiringuitos y puestos de venta, ámbitos que suelen tender a la anarquía. En pequeñas celebraciones -un poco por encima de las de misa cantada con acordeón y caja, y un puesto de rosquillas-, la mayoría de trámites suelen delegarse en el empresario de las orquestas y el escenario (las pirotécnicas cuentan con su seguro), porque la comisión se centra en recaudar el dinero entre el vecindario. Práctica ideal, por cierto, para rodarse en política y conocer el estado de ánimo y la economía del ciudadano, y no aparecer únicamente en la puerta a pedir el voto.
Hay romerías que son un negocio para los dueños del solar y aledaños pero si es usted de los que, CIF en ristre, se constituye sin ánimo de lucro para salvar las patronales, descubrirá que ni la explanada portuaria es del pueblo, aunque lo parezca. Mal anda el país en dineros pero sorprende que los mismos que aprietan las tuercas con requisitos y permisos, impongan irrenunciables tasas por utilizar como campo de la fiesta lo que fue dominio público.
Acuérdese de contratar el seguro de la procesión marítima (o que lo haga la cofradía) y no se apure más. A la bendición del Carmen acuden los que viven de enredar con reglamentos para taparse allí donde la espalda pierde su nombre. Incluir las fiestas locales en el «emprendemento e a competitividade económica de Galicia» tiene guasa. Estos días continúan las reuniones para «suavizar» los procedimientos pero si hace poco el éxito de una fiesta se medía en que «case non se andaba» con el gentío, ahora van camino de exigir puertas de emergencia y certificado de eficiencia energética.