Unos más pobres, otros más ricos
Opinión
17 Jun 2014. Actualizado a las 07:00 h.
Se nos dijo que vivíamos por encima de nuestras posibilidades y que debíamos apretarnos el cinturón. Y lo hicimos. La última encuesta anual de presupuestos familiares no deja lugar a dudas. El gasto medio por hogar se contrajo un 14,5 % en un lustro de crisis. En realidad, la reducción supera el 22 % si tenemos en cuenta las dentelladas de la inflación en esos cinco años. La encuesta refleja con todo lujo de detalles cómo, en aras del obligado ahorro, modificamos nuestros hábitos y nos internamos por la senda de la austeridad. Ese camino que condujo a miles de familias, las más vulnerables, directamente a los arrabales de la desesperación y la miseria.
Primero eliminamos o rebajamos el consumo de tabaco, dejamos de frecuentar el bar o la sala de cine, nos olvidamos de las vacaciones, renunciamos a cenar los sábados de restaurante y aplazamos sine die la compra de la cómoda, la sustitución del frigorífico o el cambio de automóvil. Después, en la siguiente vuelta de tuerca, reciclamos las usadas prendas de ropa, remendamos el viejo par de zapatos para alargarle la vida y dejamos de acudir al dentista (no hago literatura: el gasto de las familias en vestido y calzado disminuyó más del 30 % entre los años 2008 y 2013; el gasto en odontología cayó más del 21 % en ese período). Finalmente, no sabiendo ya de dónde arañar más céntimos, nos impusimos una severa dieta de adelgazamiento: rebajamos un 10,5 % -18,3 % en términos reales- el gasto en alimentación y bebidas no alcohólicas. A muchas familias se les fue la mano y acabaron, anoréxicas, pidiendo que se abran los comedores escolares para ahuyentar el hambre de sus hijos.
No todo fueron ahorros. Las familias tuvieron que suplir con mayor gasto los recortes de la enseñanza pública y semigratuita: un 22,2 % más de gasto. O las subidas de la electricidad y el gas: un 31,1 % más. O el encarecimiento de servicios relacionados con la vivienda, como el abastecimiento de agua, la recogida de basura y otros: un 15,4 % más. Aunque fuese a costa de achicar el estómago.
Todo eso se describe ahí, en la encuesta de marras, con pelos, señales y euros. Pero los sacrificios no han sido en vano: abonaron el fértil terreno donde germina la recuperación. Los ricos ya han doblado el cabo de Hornos de la crisis -ellos sí- y ya son más ricos que al inicio de las hostilidades. Mariano Rajoy tenía razón y la Comisión Nacional del Mercado de Valores acaba de dársela: el patrimonio acumulado por las sociedades de inversión de capital variable -las sicav- superó en el primer trimestre del año los 28.000 millones de euros, un 15,4 % por encima de la cota registrada en el fatídico 2008. El patrimonio medio de las 3.035 sociedades que vegetan en ese paraíso fiscal -tributan al 1 %- se eleva a 9,1 millones de euros, 1,6 millones más que hace cinco años. ¿Quién decía que los ricos también lloran?
La crisis está zanjada, al menos en el club de los millonarios. Y ya conocen ustedes la teoría: cuando la mesa del potentado rebosa, habrá sobras para todos. Mientras, solo caben dos opciones: o rebelarse o esperar.