Centrifugado
Opinión
27 May 2014. Actualizado a las 07:00 h.
Ocurrió lo que casi todos preveían y muchos temían. Las pesadas maquinarias de populares y socialistas ni lograron convencer a los electores para que fueran a votar -si la abstención no fue más alta se debió al trabajo de los minoritarios y al deseo de no pocos votantes de castigar a los dos grandes partidos- ni consiguieron evitar el desplome: cinco millones de votos perdidos entre los dos.
Ni todo su aparato ni su costosa campaña lograron frenar el centrifugado. Los acorazados no pudieron cerrar el paso a las pateras. El partido fundado por Pablo Iglesias tuvo incluso que ver cómo cosechaba más de un millón de votos entre su electorado una organización puesta en marcha en pocos meses por otro Pablo Iglesias con poco más que unas indiscutibles dotes de comunicador reforzadas por cursos de televisión y locución y alguna experiencia como actor sumadas a un doctorado en Políticas.
El panorama es tan oscuro para los partidos tradicionales, en España y en el conjunto europeo, que solo desde la más absoluta ceguera se le puede restar importancia. El PSOE respondió esta vez con rapidez a la evidencia con la apertura del proceso de relevo que pone por delante de las primarias. La necesidad de renovación es tan profunda que cualquier intento de control desde el aparato puede condenarlos a la marginalidad.
Desde el PP pueden seguir empeñándose en alardear de una pírrica victoria o en que los populares europeos sigan siendo el grupo más numeroso. Pueden seguir negando saber nada de contabilidades ocultas o tesoreros corruptos. Lograrán que el centrifugado sea la próxima vez aun más violento.