El morcillero
Opinión
31 Jan 2014. Actualizado a las 07:00 h.
Paflagonio es un personaje de una comedia del corrosivo Aristófanes. Un canalla audaz salido de la hez del pueblo que maltrataba a los demás sirvientes de la ciudadanía y que fue sustituido por un morcillero que se ganó el favor del electorado con su demagogia de tres al cuarto y al que le auguraban que sería el jefe del mercado, de los puertos, de la asamblea y que pisotearía al Senado. No es así exactamente, pero es más o menos como el escritor griego veía la política de su tiempo en su comedia Los caballeros. Nada extraordinariamente distinto a como la sienten ahora los ciudadanos que caminan por las mismas rúas, circulan por las mismas calles y van a los mismos hospitales que el lector. Esa gente que este año es más pobre que el anterior, pero menos que el próximo.
Mientras se celebran alborozadamente los mil puestos de trabajo que van a salvar los floteles, el ánimo sigue encogido por una nueva amenaza de vuelta de tuerca del potro económico sin saber en qué parte del cuerpo nos afectará: si una subida del IVA o un nuevo ataque al tanque del combustible. Moribundo Rousseau y su contrato social (Mario Draghi fue más allá diciendo que ya está muerto del todo) y casi enterrado Montesquieu y su separación de poderes, apenas quedan rocas a las que agarrarse cuando los burócratas y financieros van rebañando derechos con la complicidad de Gobiernos tutelados en la soñada Europa igual para todos. Pero ya no lo es. Unos se jubilarán a los 63 años; otros, en cambio, tendremos que trabajar hasta los 67 para poder comprarle sus electrodomésticos y sus autos de gama baja. Como con el morcillero de Aristófanes.