Sin datos, mejor
Opinión
04 Jan 2013. Actualizado a las 07:00 h.
España, o Galicia, pueden tomar la mayor parte de las decisiones sin datos. Porque los datos son traicioneros y además es un engorro trabajarlos. Por ello en la gestión de lo público, también en lo privado, se ha impuesto desde hace muchos años el tanto alzado (tú vete haciendo), y sobre todo la oportunidad de negocio, bajo la salmodia de la eficacia en la gestión siempre ineficaz. Añádanse a ello el ahorro y la sostenibilidad en múltiples áreas y sistemas, y tendremos elementos suficientes para cualquier discurso político, debate parlamentario, tertulia en medios de comunicación o discusión de bar o taberna.
Leer agota, encontrar documentación solvente de cualquier tema que nos preocupe, aun con Google o El rincón del vago, es una tarea hercúlea y mal remunerada. Cuando no causa de sinsabores y represalias. Las consultoras públicas y privadas -que de todo hay- articulan un corta y pega de retales ad hoc para la hipótesis que se quiere demostrar o refutar. Y los únicos datos ciertos que iluminan nuestra vida son los de la tabla del IRPF asalariado, el IVA, si se paga, y las cuentas del rosario.
Todo lo demás, depende. Depende de que quienes los tengan -curiosos y trabajadores hay- los quieran dar. O se los dejen dar. Y lamentablemente sobre ellos, esos escurridizos datos, construimos el presente. O, peor aún, cercenamos el futuro.
Cabe la posibilidad de que los datos no sean necesarios. O sea suficiente con que los tengan otros. Si tenemos un dogma, el problema se reduce. Así, el dogma de la bondad de lo privado frente a lo perverso de lo público, de agradable generalización y fácil venta, ha permitido al sucesor madrileño liberar ya de las ineficientes garras de lo público seis hospitales y veinte centros de salud. Sin aportar un dato. Como en Valencia. Imagínense ustedes que se supiera que aquellos a quien Aguirre nombró para la gestión pública los últimos muchos años, a pesar de su mala gestión, consumen la décima parte del presupuesto de personal, como al parecer sucede en el Sergas.
Cabe también la posibilidad de que los datos sean como las fiestas movibles, es decir, a voluntad del Gobierno de turno, o del poder, o del lobby (por favor, seamos sutiles y maticemos). Tendríamos datos ad hoc en la industria forestal y los incendios, en la planificación de los estudios universitarios, o de residencias de la tercera edad, o de la investigación científica, incluso de instalaciones deportivas, o de vías de comunicación -por mal nombre carreteras-, e incluso espacios de la Red Natura. También para la gallega supremacía en la pesca y la acuicultura.
Que un buen dato, en este año 2013, tampoco nos arruine una mala decisión. Ni una estéril discusión.