La Voz de Galicia

Un desafío en toda regla

Opinión

Fernando Ónega

21 Dec 2012. Actualizado a las 07:00 h.

«N o nos queda más remedio que la confrontación». Esta frase no es de un radical de Esquerra Republicana de Cataluña. Es de un artículo de Jordi Pujol que indica claramente que el proceso de construcción del Estado catalán podrá salir bien o mal, pero los nacionalistas lo toman en serio. El pacto de Artur Mas y Oriol Junqueras es un desastre para España y quizá para Cataluña, pero es la hoja de ruta soberanista más sólida de la historia. Y estos señores no son como Ibarretxe. Estos señores quieren dotar a Cataluña de instrumentos de Estado y después someterse a referendo sin ningún paso por el Congreso. Arrancarán de un mandato parlamentario propio para dotarse de legitimidad y fabricarán un cuerpo legislativo que, por lo anunciado, no cabe ni con calzador en la Constitución. Y después, la independencia.

Esa es la dimensión del desafío. Que no se engañe nadie: es un desafío en toda regla; para los firmantes del pacto, es su proyecto vital, y para Jordi Pujol la aceptación inicial de la confrontación. Con un agravante: cuando se invoca el diálogo, ya se hace por simple rutina, porque no hay nada que negociar entre quien quiere romper y quien tiene la obligación de mantener como sea la unidad de España. Cada día que pasa se estrechan más las posibilidades de arreglo cordial. El nacionalismo ha sido más inteligente y eficaz, también mucho más malvado, en el manejo de la opinión pública y en la elaboración y preparación de su estrategia.

¿Qué hacer ante todo esto? Desde luego, lo que no vale es fiarlo todo a la ruptura del pacto independentista. Eso está bien como deseo, pero puede no ocurrir. Tampoco vale pensar que el señor Durán Lleida romperá la coalición, porque eso también está por ver. Queda la aplicación de los instrumentos del Estado: obligar al cumplimiento de las leyes generales de España, empezando por la Constitución. Esas leyes lo prevén todo, desde inhabilitar a un presidente desleal hasta intervenir o suspender la autonomía. Multitud de ciudadanos y medios informativos piden alguna de esas soluciones de autoridad y creo que las veremos, aunque sean extremas.

Eso resolvería el problema inmediato, pero puede ser también alimento del independentismo. La solución más estable es ganar a la sociedad catalana. Y se la gana con razones, no con gritos de mitin, como estamos escuchando. Se la gana con el uso inteligente de los líderes sociales y económicos. Se la gana con comprensión a los hechos diferenciales. Y hasta se la gana simplemente con no equivocarse más. Porque sólo a los muy inexpertos se les pudo ocurrir abrir el melón de la lengua, con lo que eso significa en Cataluña, cuando todos veíamos que se estaba incubando el calendario de secesión.


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