La Voz de Galicia

Cómo espantar el consenso

Opinión

Fernando Ónega

03 Jan 2012. Actualizado a las 01:42 h.

E ste país necesita un culpable. Si no encuentra un culpable, parece incapaz de afrontar las soluciones. Si quien lo busca repudia a los socialistas, los socialistas son los grandes y únicos responsables de la situación del país. Si quien lo busca es contrario al PP, es al PP al que hay que echar la culpa de engañarnos a todos con la promesa de no subir impuestos y subirlos a la semana siguiente de llegar al poder. Incluso se está hablando de «fraude democrático». Así de tajantes han sido las primeras reacciones ante el durísimo ajuste decretado y los durísimos ajustes que nos esperan en próximos consejos de ministros y, sobre todo, después de las elecciones andaluzas.

Como este cronista ni repudia a los socialistas ni es contrario al Partido Popular, cree que las cosas no son tan radicales. El Gobierno Zapatero tiene la responsabilidad que tiene, que es la básica, y por ella pagó un alto precio en las urnas de noviembre, y el PP tiene la suya. El Gobierno Zapatero se equivocó en el diagnóstico y en la profundidad de sus propias medidas; pero, si las autonomías son culpables de la desviación del déficit, como reconoce el Gobierno actual, es a las autonomías a las que hay que mirar, y en ellas había gobernantes del PSOE y del PP. Un poco de honestidad en ese reconocimiento ayudaría mucho al consenso que se requiere para afrontar un futuro de sacrificio general.

La historia sigue por lo ocurrido cuando Zapatero aprobó el paquete de recortes de mayo del 2010. Quien hoy gobierna lo acusó de haber hecho el mayor recorte social de la historia, y en ese momento era verdad. Pero ahora hay que recordar también que, si hubiera triunfado la tesis del PP de no hacerlo, hoy la situación sería todavía más dramática, y quizá ni Rajoy estaría en el Gobierno: tendríamos un tecnócrata al estilo de Grecia o de Italia, obedeciendo sin más contemplaciones al Fondo Monetario Internacional.

Eso es lo ocurrido: mala gestión socialista, pero, en el agujero del déficit que se trata de combatir, responsabilidad de toda la clase política en diverso grado. Habiendo sido así las cosas, ¿vamos a pasar otra vez la vida refregando perversiones? Si esa es la vía, nunca se logrará el necesario consenso para arrimar el hombro en este momento dramático. Nos volveremos a perder en un mar de acusaciones, donde por ahora aparecen estos síntomas: por la izquierda, un Rubalcaba que atisba un horizonte de «grave depresión económica»; por la derecha, un Montoro que parece recrearse en la dureza de las medidas porque así Europa verá que «aquí hay un Gobierno con iniciativa». Como sigan así, tendrán razón los dos: tendremos un Gobierno de iniciativa sin apoyos para evitar la condena a la depresión.


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