La Voz de Galicia

De estos días

Opinión

Gonzalo Ocampo

30 Dec 2011. Actualizado a las 06:00 h.

Q ue han disminuido los accidentes mortales de tráfico en España a lo largo de los últimos años es evidente. Y, mejor todavía, igual ocurre en cuanto a los accidentes con víctimas de cualquier índole. No es por azar que coincidan en el tiempo estos hechos, con un severo endurecimiento de los cuadros de multas y de penas en los ámbitos de la Ley de Seguridad Vial y del Código Penal, ensanchando este último su ámbito de enjuiciamiento al recoger nuevas acciones que se materializan en el tráfico ordinario como capaces de conformar delitos contra la seguridad vial.

Junto a esta evidencia puede advertirse otra, pero de signo contrario. Y es que, con demasiada frecuencia, afloran a la vida ordinaria episodios de violencia extrema en los que el automóvil es causa de muertes y de lesiones a seres humanos. Sí, pero ocurre que junto al vehículo de motor hay otra causa, la eficiente, un inconsecuente ser humano que destruye a otros. No es fácil entender que un joven que recupera su autorización para conducir, retirada antes por razones que tenían que ver con la conducción con tasas altas de alcohol en sangre, se incorpore de nuevo al tráfico para causar una tragedia usando el automóvil en estado de embriaguez. Es verdad que los accidentes de tráfico están, a la vez que en la carretera, en el corazón del hombre.


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