La Voz de Galicia

Ojo con los pactos

Opinión

CÉSAR CASAL

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29 May 2007. Actualizado a las 07:00 h.

MEDIA Galicia estrena un verbo que se hace carne en la boca: pactar. Es un verbo muy peligroso. Lo carga el diablo. No es malo pactar, siempre y cuando no se esconda un puñal para la yugular de quien va a ser compañero de gobierno. Para pactar se necesita pulso, sentido común y algo de promiscuidad. Nada del otro mundo. Pero una cosa es la cultura de los pactos, y otra, la extorsión y el chantaje. Se escuchan barbaridades. Políticos que, con muchos menos votos, vetan a determinados concejales electos de partidos con más votos. La voluntad de los ciudadanos no se puede prostituir. Los pactos tienen que hacerse con la máxima representatividad. Un pacto no es una ensalada a la que se le echa de todo. Hay que olvidar viejos insultos. El político es un reptil y debe tener la memoria mínima de una culebra. La cintura política no consiste en engordar varias tallas de tanto sentarse en los restaurantes del poder. Cintura política es hablar, negociar, renegociar. Si uno se mete en política, lo esencial es disfrutar con la diplomacia, una ciencia de siglos. Pero, en nombre de la diplomacia, no se pueden cometer atrocidades, pisar la lógica. El futuro es el trabajo en equipo, en cualquier organización. Los equipos dan mucho más juego que los iluminados, que pueden apagarse y dejarnos sin luz. Hay que sumar, no restar. Lo que no nos podemos permitir es que, por falta de organización, primero nos asfalten una calle en gallego y, unos días después, levanten la misma calle para asfaltarla en castellano. Cordura, no locura. No se trata de repartirse la casa a ciegas. Y que cada uno haga lo que le da la gana con los cuartos mientras no tropiecen por el pasillo ni coincidan en el baño. El tiempo, juez, dirá si los que vienen de la oposición tenían caletre para gobernar. O si de aquellos pactos, estos lodos. cesar.casal@lavoz.es


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