La Voz de Galicia

La velada en Benicarló

Opinión

ANXO GUERREIRO

09 Sep 2006. Actualizado a las 07:00 h.

NO HAY duda de que los atentados del 11 de septiembre contra las Torres Gemelas rompieron el molde geopolítico internacional y cambiaron el mundo. Hacía tiempo que las fuerzas autoritarias que hoy dirigen EE.?UU. habían diseñado una estrategia unilateral, basada en el ingente poder militar estadounidense, para moldear el mundo de acuerdo con su visión y en función de sus exclusivos intereses. Pero fue el 11-S -la emergencia nacional y la solidaridad patriótica que desencadenó- lo que proporcionó la voluntad política para realizar tales planes de dominación. Cuando Rumsfeld afirma que las relaciones entre las naciones son exclusivamente de fuerza, o cuando Bush proclama que EE.?UU. es «el único modelo de progreso humano que sobrevive», no hacen si no expresar su convicción de que la dominación estadounidense de la sociedad internacional es la conclusión natural de la historia. Conviene recordar que Konrad Lorenz, en sus estudios sobre el comportamiento social de los animales, o Carl Schmitt, que fundamentó la soberanía en la decisión del más fuerte, desarrollaron la misma concepción en la década de 1930. Semejante orgía de poder ha perturbado profundamente el orden internacional y todavía provocará -como sucede en Afganistán e Irak- muerte, horror y destrucción sin límite. Pero a medio plazo tal ambición fracasará. En primer lugar, porque la locura desencadenada por Washington encuentra la cerrada resistencia de una de las más poderosas fuerzas de nuestro tiempo: el deseo de independencia nacional. Pero también porque la demencial estrategia de la Administración Bush está convirtiendo a EE.?UU. en el principal generador de tensiones y conflictos internacionales. Son numerosos los analistas que comparan el actual proyecto de Washington con el expansionismo pangermánico de Guillermo II. El Kaiser también tenía ambiciones geopolíticas irrealizables y una estrategia preventiva para tratar con sus adversarios. El resultado de esa política fue crear enemigos más rápidamente de los que podía eliminar, aunque entonces Alemania poseía la máquina militar más poderosa del mundo. Washington está a punto de alcanzar esa situación. En Afganistán las cosas se complican por momentos, en Irak crecen al mismo tiempo la oposición al ocupante y el peligro de guerra civil comunitaria, todo el Oriente Próximo está a punto de estallar, un grave incendio social recorre el mundo árabe y musulmán, las relaciones trasatlánticas atraviesan su peor momento desde 1945 y en potencias como Rusia y China se ha instalado un peligroso estado de alarma. Ante semejante panorama, no estaría de más que alguien hiciera llegar a Bush y a su Gobierno las reflexiones del ex presidente de la República Española: «El mayor desastre que puede cometerse en la acción es conducirla como si se tuviera la omnipotencia en la mano y la eternidad por delante. Todo es limitado, temporal, a la medida del hombre. Nada lo es tanto como el poder». (Manuel Azaña. La velada en Benicarló ).


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