Otra flor rara
Opinión
03 Dec 2005. Actualizado a las 06:00 h.
A Sergio Pitol (Puebla, 33, piscis) se le murieron su madre, ahogada en un río, su padre, de meningitis, y su hermana, de desesperación. Todo cuando niño. Él estuvo seis años en cama, enfermo, hasta que salió adelante. Ahora ha ganado el Premio Cervantes. Pitol es un mexicano, de sangre italiana, que vivió en el Este. Es un traductor imponente y un diplomático de muchas leguas. Es un cuentista tremendo, alguien que miente como nadie sobre lo que le sucedió y sobre lo que nunca le sucedió. Te sopla al oído, como si tu mente fuese un globo de cristal. Luego pincha el globo cuando menos lo esperas y te queda en la lengua un gusto extraño, un eco de idiomas que no se pueden traducir. El año pasado, el Cervantes fue para una flor rara entre las raras, de las que sólo nacen en las cumbres: Ferlosio. Pitol tiene también un mundo propio lleno de países. Cervantes estaría contento. A él le gustaba contar con talento, una historia sobre otra, como a Pitol. Pitol dice que siempre hubo libros de entretenimiento. Hoy son superventas. Lo que le molesta es que sus autores se crean lumbreras. La literatura es otra cosa: ilumina. Es Pitol que hace equilibrios, como una gárgola, en el brazo helado del puente de Carlos en Praga. cesar.casal@lavoz.es