Por sus obras los conocerás
Opinión
15 Nov 2005. Actualizado a las 06:00 h.
NO EXISTE hoy una sola cuestión de Estado que no se haya convertido en un campo de batalla entre los dos principales partidos políticos españoles. Eso es lo que ocurre con la política exterior y de defensa, con la educación o con el modelo de Estado, por citar algunas de las más relevantes y de mayor actualidad. Naturalmente, los gobiernos tienen siempre una indeclinable responsabilidad en todo lo que sucede en su país. es probable que la impericia y los errores de cálculo del Ejecutivo presidido por Zapatero hayan contribuido a crear esta indeseable situación. Pero resulta imposible explicar la irrespirable atmósfera que nos envuelve sin tener en cuenta la opción política que adoptó el partido conservador la misma noche que el PSOE ganó las elecciones. El PP intentó primero deslegitimar el resultado electoral y asumió después las posiciones del sector más duro de la organización, que está convencido de que la única manera de ganar unas elecciones es en medio de un feroz enfrentamiento civil. Es el sector que piensa que cuanto peor, mejor, y que añora el discurso de Aznar. Entre los nostálgicos de ese reciente pasado parecen encontrarse también algunos obispos españoles. Incapaces de adaptarse a la evolución de nuestra sociedad, los prelados pretenden frenar el proceso civilizador cuyo producto histórico son las modernas democracias, asentadas en la secularización, el carácter laico del poder o la disociación entre creencia y pensamiento racional. Por eso, aunque España es el país de Occidente -incluida Italia- en el que la Iglesia goza de mayores privilegios, la jerarquía católica se alinea con los dirigentes conservadores, pronuncia los mismos discursos apocalípticos y, al parecer, está dispuesta a convertir de nuevo la Iglesia en la plataforma de masas de la derecha española. Pero quizá lo más preocupante de esta convergencia es que recuerda demasiado los infaustos tiempos del nacionalcatolicismo. Con su actitud, unos y otros intentan impedir que se exprese con toda libertad la pluralidad política de los católicos, precisamente uno de los signos más relevantes de nuestra convivencia pacífica y de la modernidad del país. Por sus obras los conocerás.