La Voz de Galicia

«Pole position» para Alberto Núñez

Opinión

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

07 Oct 2005. Actualizado a las 07:00 h.

LOS ALCALDES del PP, que son la base estructural del partido, no quieren oír hablar de proyectos personalistas. Saben que las elecciones municipales de 2007 van a jugarse a cara de perro, y que cualquier minuto que se pierda en trifulcas internas favorece al bipartito. Por eso quieren que la sucesión de Fraga se cierre cuanto antes y de la mejor manera posible, y ven con muy malos ojos a los que presentan la batalla de enero como la primera fase de una operación de amplias proporciones que, a pesar de ofrecer algunos atractivos teóricos, podría hacer muy larga y penosa la travesía del desierto. Cuando Cuiña les hace el discurso de la galleguización y de la autonomía frente a Madrid, y cuando les dice que tiene decisión y recursos para intentarlo desde dentro o desde fuera, casi todos le recuerdan que esas valentías hay que exhibirlas en tiempo de bonanza, y que es una insensatez ponerse a renovar armas y pertrechos cuando la batalla es inminente. Los más atrevidos -y sus mejores amigos- también le recuerdan que su planteamiento es personalista, que está vinculado a su peripecia personal, y que no es lícito proponer una metanoia revanchista y justiciera después de vivir tantos años a la sombra de don Manuel y del aparato del partido. La propuesta de López Veiga, quizá valiente y honrada, es interpretada por las bases como la búsqueda de una oportunidad para pactar con la lista ganadora, y como una maniobra para sustituir la falta de territorio político a la que tienen que enfrentarse los que fueron de tecnócratas. Y por eso puede decirse que la gran final del 14-15 de enero se va a jugar entre los McLaren de Barreiro (Kimi Raikkonen), con más tradición y mejores máquinas, pero que no está en su año de suerte, y los sorprendentes Renault de Alberto Núñez (Fernando Alonso), que no era favorito en ninguna quiniela, pero que está en racha y corre con excepcional inteligencia. En el fondo de está profecía subyace la convicción de que el PP se juega en enero las próximas legislaturas. Si cierra pronto la sucesión, y consolida un liderazgo, su estancia en la oposición puede ser relativamente breve (entre cuatro y ocho años). Pero si juega a la aventura, y deja que la nueva Xunta haga su rodaje sin sobresaltos, puede repetir en la oposición el récord que batió en el poder. Los alcaldes saben que una derrota de Núñez sería la debacle de Rajoy, y que, en tal supuesto, la crisis del PP sería enorme y duradera. Por eso no se van a jugar sus propias alcaldías en una salida del tres. Es la cultura de partido que siempre dominó en las filas del PP. La que hizo surgir a Cuiña de la nada, y la que ahora empuja a Núñez al sillón que deja Fraga.


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