La Voz de Galicia

Una pincha

Opinión

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

14 Aug 2005. Actualizado a las 07:00 h.

«MIRA, papá. Tengo contivitis, es muy grave, mucho. Tú también tienes contivitis. Tienes que tumbarte y voy a por el maletín de médico. Te pondré una inyección grandísima. Pero, no te preocupes, es para curarte». Coge la inyección de juguete más grande de todas con cara de sádica y muy dispuesta a clavármela en el culo. «Date la vuelta», me dice muy profesional. Hago teatro y le digo que estoy muerto de miedo y que de ninguna manera me tocará con eso. Pone cara de zalamera y me dice que me regalará cuatro muñecas, incluidas dos barbies, si me dejo poner la inyección. Me sonrío y me doy la vuelta. Al clavarme la inyección, descubro su vocación de picadora. Montará a caballo y será picadora, me digo. Es terrible la mala uva con la que me clava la pincha. Ella le llama la pincha. Mis hermanos huían de mí cuando jugábamos al doctorcito. Yo era el doctorcito y mi hermano mayor era el que cazaba a los otros para que los pinchase. Dicen que de tal palo, tal astilla. ¿Quién sabe? Un día me dijo que no me preocupase que no me iba a hacer daño como para matarme. Un alivio. Hoy mis hermanos y yo pensamos que los médicos son gente encantadora con la que conviene no ser nunca pacientes. cesar.casal@lavoz.es


Comentar