Vender una escoba
Opinión
30 Jun 2005. Actualizado a las 07:00 h.
LA MAÑANA era desoladora ayer en el popular mercadillo de los jueves de la capital de Galicia. «Aaaaay, que no se vende una escoooba, neenas», se lamentaba en Salgueiriños un gitano bregado en esto del «venga, neeenas, que me lo quitan de las manos». El vendedor regenta una parada donde antes se colocaba un puesto de nombre tentador: «El templo de la braga». Pero ayer no era el día. Ni manos, ni fieles en el paraíso de la lencería, ni movimiento en este parqué bursátil de asfalto. Si acaso, aburrimiento. Ya verán qué diferencia con las fotos que publicaremos mañana en este mismo periódico, miles de consumidores peleándose por unos calzoncillos en esa otra operación salida en la que nos metemos sin que nadie nos mande: las dichosas rebajas. Qué raros somos.