La Voz de Galicia

Los jóvenes y la violencia

Opinión

| YASHMINA SHAWKI |

30 May 2005. Actualizado a las 07:00 h.

NO FUE hasta bien entrada la década de los ochenta del siglo pasado cuando los padres con hijos jóvenes comenzaron a percatarse del peligro que suponía para ellos el consumo de drogas. La recién ganada libertad, tras la llegada de la democracia, derivó en una permisividad excesiva en algunos órdenes en los que no debiera haber existido. El resultado fue un incremento en el tráfico y consumo de drogas que, a su vez, desembocó en un despegue de la delincuencia menor. Los padres con hijos drogadictos tuvieron que afrontar, además de su adicción, los delitos que éstos cometían para poder obtener el dinero que les permitía conseguir su dosis diaria. Una década después, en los noventa, cuando esos drogadictos comenzaron a sucumbir, víctimas de todo tipo de enfermedades contagiosas, sobredosis o simplemente por el colapso de su castigado organismo, surgió un nuevo temor para los padres: el sida. Hoy, los padres tienen que enfrentarse a estas viejas amenazas y a otras nuevas. El consumo de drogas sigue existiendo aunque sea más en pastillas que por vía intravenosa. Si bien se ha producido una reducción en la transmisión y contagio del sida, han aumentado, por contra, los embarazos en adolescentes: el consumo de alcohol, lejos de controlarse, se ha agravado con el botellón , el cual, a su vez, es un factor que genera accidentes de tráfico. Y, por si esto fuera poco, la violencia indiscriminada se está adueñando de los colegios e institutos. Los jóvenes de ahora no son distintos a los de hace treinta años: apasionados y emotivos, se sienten desubicados en una sociedad cada vez más exigente y competitiva. Necesitan reafirmarse y lo hacen integrándose en un grupo o pandilla. Es parte de su proceso de socialización. La novedad radica en la crueldad mental e incluso la violencia que llegan a ejercer algunos bravucones de estos grupos contra los que son diferentes . Los casos más extremos de acoso han llegado, incluso, a provocar varias muertes. Estas desgracias son una clara advertencia: algo estamos haciendo muy mal cuando la agresión y la violencia son utilizadas, por los más jóvenes, como si fuera algo natural.


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