Así debe ser muy fácil
Opinión
26 Apr 2005. Actualizado a las 07:00 h.
NO CABE DUDA que gobernar así, sin principios, debe ser muy fácil. Debe ser lo más fácil para un Gobierno. Se propone un pacto antiterrorista, que tiene como finalidad luchar contra la violencia, no dar cabida ni respiro a ninguna de las organizaciones que apoyan a ETA, hasta que desaparezcan por inanición. Pero cuando conviene se dejan de lado los principios pactados y se comienzan a llevar a cabo acciones que favorecen a los terroristas. Esto es lo que está haciendo ahora el Ejecutivo socialista. Además, cuando la otra parte del pacto, el PP, le llama la atención porque esas iniciativas van contra los principios acordados, le acusan de deslealtad. Es más, Zapatero le pide la misma lealtad que él tenía cuando estaba en la oposición. Quizás se olvida el presidente del Gobierno que él era leal a la política que luchaba contra el entorno de ETA, contra HB, contra la lucha callejera, contra la extorsión y el chantaje. Porque eso era el pacto. Sin embargo, su política actual está favoreciendo nuevamente el desarrollo de brazo político de los terroristas, está favoreciendo que consigan recursos económicos de las instituciones públicas. En lugar de acoger a las víctimas de ETA, las hostiga, como si fuera un elemento molesto para su política de pactos. Se vale del alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, para humillar y descalificar de nuevo a las víctimas de ETA, porque no secundan sus planteamientos de pactos desconocidos. Eso sí que se podría calificar de deslealtad. No existe tampoco ningún tipo de principio ni programa sobre la organización del Estado. Es igual que España sea un Estado de las Autonomías, un Estado Federal, una Nación de naciones. Una monarquía o una República. Y esto sucede no por convencimiento o porque exista un proyecto determinado. Más bien, todo depende de la necesidad del momento, de las tácticas diarias. Así debe ser muy fácil gobernar. No existe ningún principio para un sistema educativo. No importa si el sistema va mal. No importa si debería intentarse llevar a cabo una iniciativa que pusiera algo de orden. Todo depende de las necesidades del momento. Lo de menos es si se perjudica al estudiante, y mucho menos preocupa si los mayores perjudicados son los más pobres. Creo que todos los miembros del Gobierno saben que cuando el sistema público no funciona, los más perjudicados son los de menos recursos económicos, porque los que tienen ya se buscan la vida y procuran para sus hijos una educación de calidad. No existe ningún principio en la política de inmigración. Se dicen cosas, se lanzan promesas que no se pueden cumplir, se le complica la vida a todo el mundo, ser promueve -queriendo o no- la patera, el autobús por la frontera, el paso a pie por todas las entradas en España a personas pobres, muy pobres, que buscan afanosamente un trabajo por cualquier medio, personas que acaban siendo explotadas por mafias. Pero eso no importa, hay que aguantar los pactos y seguir con el Gobierno. Y para que la sociedad no se percate demasiado de la falta de principios, se aprovecha esta misma actitud para promover fuegos artificiales: retirar estatuas de Franco, insistir en los matrimonios de homosexuales; revisar partes de la historia; mover los archivos de la Guerra Civil; ofrecer pisos de 30 metros cuadrados para pobres; hacer negocio con los alquileres; se dice Plan Galicia no, pero ahora sí, que hay elecciones. Así debe ser muy fácil gobernar.