La máquina de la verdad
Opinión
21 Mar 2005. Actualizado a las 06:00 h.
DESCONFIANZA. Desconfianza feroz. Ese es el término que mejor define las relaciones entre gobierno y oposición. ¿Qué digo? Es el único término que define esas relaciones. PSOE y PP se miran como dos tramperos en el monte. Da igual que se trata de cuestiones menores o de graves asuntos como el terrorismo. Y si ellos no caen en la dialéctica de trampa, les hacen caer los coros mediáticos. ¿Qué es lo que más le reprocharon al PP sus escritores más próximos en la retirada de la estatua de Franco? ¡Que había caído en la trampa tendida por Zapatero para obligarlos a defender al franquismo! Todo es posible. Incluso que haya unas mentes maquiavélicas en los sótanos de La Moncloa dedicadas a estudiar cómo le hacen caer a la derecha en sus propias contradicciones. Dudo que sean tan inteligentes, pero insisto: todo es posible en este país. Es una pena que no dediquen ese esfuerzo a ver cómo reaniman el comercio exterior, o cómo combaten los efectos de los precios del petróleo, pero qué le vamos a hacer: la política se está convirtiendo en el arte menor de buscar las debilidades del adversario. Podría ser un espectáculo divertido, si no tocara a asuntos más sensibles, como la lucha contra el terrorismo. El PP está convencido de que hay o hubo conversaciones del PSOE con el entorno de ETA. Cuando una militante de Batasuna le dice a un preso etarra que hay diálogo, Acebes y Rajoy le dan más crédito que a Zapatero. Es ilógico, como dice José Blanco; pero tiene la lógica de la desconfianza. Como consecuencia, el PP pide que se reúna el Pacto Antiterrorista. Lo invoca como si el Pacto fuera la máquina de la verdad, donde un polígrafo detecta los engaños. Fuera de ese artilugio, un ministro puede contar mentiras, como si ése fuera su comportamiento más habitual. Dentro, las informaciones son exactas, puntuales, auténticas. Están tocadas del beneficio de la Verdad con mayúsculas. Y el simple hecho de invocar el Pacto hace que se abran esperanzas nuevas, milagrosas, de alguna revelación trascendental. Ayer por la mañana, las emisoras de radio daban la petición en sus boletines con tanta solemnidad como si fuera una llamada de Bush a Zapatero. ¿Y qué hace el PSOE ante esa petición? Negarse. «No hay motivos nuevos para reunirlo», le dijo Blanco a Acebes, como si hiciera falta una señal en el cielo. ¡Claro! Es que ceder a esa petición podría significar que el PP tiene algo de razón, qué herejía. Y algo peor: puede ser una trampa del zorro de Rajoy. Quita, quita; a las reuniones les pasa como a los peligros: el que las ama, perece en ellas. Y además, ¿qué hubiera hecho Aznar? Lo mismo, ¿no? Pues condenemos a Aznar, pero sigamos sus pasos. Ese es el libro de estilo del poder.