El sector naval se marcha al sur
Opinión
02 Mar 2005. Actualizado a las 06:00 h.
NAVANTIA ES, qué pena, sólo un cambio de nombre. La compañía pública de construcción naval militar que ayer «presentaron» es conceptualmente lo mismo que la antigua Bazán, desaparecida por fusión en el 2000, pero con más plantas (se añade, entre otras, la antigua Astano, en gigante de Fene). Es decir, el Gobierno socialista desbarata la fusión que hizo el PP con Izar, cuando unió los astilleros estatales civiles con los militares, y decide vender los primeros para quedarse únicamente con los que están dando dinero (hoy), los barcos de guerra. ¿Recuerdan el origen de esta medida, ejecutada en el segundo semestre del 2004, a toda prisa, y que en absoluto aparecía en el programa electoral del PSOE del 14-M? Todo viene porque la Comisión Europea consideró ilegales, el pasado mayo, unas subvenciones que durante los siete años anteriores el Gobierno de Aznar había dado al sector naval público. Y obligó a devolver esas ayudas, cuyo montante multimillonario llevaba directamente a la quiebra a Izar. El ortodoxo ex comisario Solbes obedeció a pies juntillas y cortó lo que tuvo que cortar (4.028 despidos/prejubilaciones) para quedar en paz con los guardianes de la Competencia que desde Bruselas, es bien sabido, actúan con discutible equilibrio según traten con un gallito o un peso mosca de la Unión. Los mismos que, ante el dumping de los astilleros asiáticos apenas han tomado medidas compensatorias y han permitido que Europa pase a ser casi residual en el mercado mundial naviero. En fin, una serie de despropósitos. Del Partido Popular, por esa chapuza en ayudas (que todos los países daban a sus astilleros públicos, sin que Bruselas dijese nada), y del PSOE, por tomar la medida más fácil pero más peligrosa: renunciar a la construcción naval civil de la cual España -y en concreto, Astano- fue un coloso mundial. Ahora sólo tenemos una empresa militar, Navantia, a la que permiten hacer como máximo un 20% de tarea civil. Y, para Galicia, lo más grave no es perder 1.405 empleos en esta nueva reconversión; lo peor es que ni lo que nos prometieron nos van a dar. Lo peor para Galicia es que con los barcos que solían hacerse sólo en Ferrol hay que alimentar ahora a tres astilleros andaluces.