Una suegra llamada Justicia
Opinión
09 Dec 2004. Actualizado a las 06:00 h.
VISTO el cuadro de votaciones, la victoria del Gobierno en la ley que modifica los nombramientos de jueces es poco discutible: 194 votos contra 137. Si se analiza por grupos parlamentarios, la conclusión es todavía más contundente: todos, a favor del Gobierno, con la única excepción del Partido Popular. Sin embargo, es una ley que parece nacer marcada por la falta de legitimidad. A juzgar por los ecos mediáticos, el respaldo parlamentario no parece correspondido por el respaldo de la opinión. Es una ley fea. ¿Por su contenido? No. Aunque me quede solo diciéndolo, no ha nacido cristiano capaz de convencerme de que es más democrático el modelo PP que el modelo PSOE. Es decir, que es más democrático que un presidente de sala sea elegido por mayoría simple que por mayoría cualificada de tres quintos. Tampoco ha nacido cristiano que me convenza de que es más democrático que los jueces sean mangoneados por el Partido Popular (cosa que ocurre ahora) que por el Partido Socialista, si esa es la intención oculta del ministro López Aguilar. El problema estuvo en el procedimiento. El Gobierno se ha portado de forma atrabiliaria. Condujo los trámites parlamentarios como si realmente nos estuviera intentando colocar algo infumable. Desconoció el Reglamento. No contó los diputados cuando éstos hacían novillos. Perdió los nervios. Presionó al presidente del Congreso. No se puede hacer peor. Ignacio Astarloa (PP) exagera cuando califica todo eso como lo «más irregular y más desleal de toda la historia parlamentaria española»; pero habrá mucha gente que esté de acuerdo con él. ¿Y ahora qué?, nos preguntamos siempre después de una catarsis. Pues ahora, un estado de ánimo y una consecuencia. El estado de ánimo es la crispación. El PP rompe relaciones con el Ministerio de Justicia, igual que antes las rompió con Exteriores. Ya no irá nunca, supongo, a tomar café con el ministro. Ni siquiera con el subsecretario. Es lo que ahorramos. Y la consecuencia la veremos a partir de enero: el bloqueo. Como la minoría progresista del Poder Judicial necesitará votos conservadores para designar a algún candidato suyo, los conservadores no se los darán, y ya tenemos la feria organizada: no será posible ningún nombramiento. Fantástico. Con la Justicia acaba de ocurrir lo mismo que ocurre con las madres: todas son tiernas, adorables y venerables hasta el momento en que se convierten en políticas. En ese instante pasan a ser suegras. La Justicia acaba de ser contaminada por los partidos, y le va a suceder exactamente lo mismo: en vez de ser la venerable señora de los ojos vendados, la acaban de convertir en suegra. Siempre es respetable; pero no se la quiere como a una madre.