LA NUEVA Comisión Europea, remodelada por Durão Barroso tras la «tormenta» Butiglione, se estrena hoy con expectación. El nuevo Ejecutivo viene marcado por dos datos inseparables de aquel incidente. De una parte, el mayor peso del Parlamento, pues ya se maneja con naturalidad la posibilidad de reprobaciones y mociones de censura como medios de control gubernamental. Y, de otra, el resquebrajamiento del principio de colegialidad del Gobierno, que sirvió con frecuencia para blindar decisiones discutibles del presidente.
A éste se le hace ahora responsable último de los conflictos que puedan provocar sus comisarios. Se buscan cautelas frente a otras designaciones conflictivas, como la de la Comisaria de Competencia, Neelie Kroes, ligada a importantes grupos empresariales. No lo tiene fácil el líder portugués. Europa procura nuevos equilibrios institucionales y se «parlamentariza» aceleradamente. Creo que para bien de la unión política.