Que lo paguen otros
Opinión
24 Sep 2004. Actualizado a las 07:00 h.
DE ENTRADA, déficit público. No lo han podido resistir, nuestros gobernantes tienen nostalgia de los años ochenta, cuando todos éramos más jóvenes y se nos camelaba con proyectos estrella que abonarían las futuras generaciones. El hagamos hoy lo que otros tendrán que pagar mañana es tentación irresistible para todo político de cortas miras. Todo fue bien mientras duró, y duró mucho tiempo, el suficiente para situar a España al borde de la quiebra. Después llegaron los aburridos pero ortodoxos chicos de la derecha y comenzaron a pagar los atrasos y lograron unas arcas saneadas en la mayor prosperidad española. Entonces llegó el 11-M y cambiaron los señores de las cuentas. Heredar una senda de superávit fue demasiada tentación con tanto tirón acosando a un Gobierno débil y quedabien. Los más fuertes tendrán su tajada, oro para Andalucía e incienso para la sanidad catalana. Sustanciosos flecos para maquillar las finanzas de la propaganda televisiva y prorratas mil para el agit prop y las nomenclaturas del nuevo régimen. Si además hay que mantener el funcionamiento de la Administración existente, sin manifiesto deterioro de la normalidad, los impuestos no llegan. A Galicia se la racanea, basta con exportarle una crisis política, no es bolsa electoral prioritaria; hay que aquilatar bien las inversiones que piden demasiado para lo que valen. El Plan Galicia habrá de esperar, se reconducirá el cuadro macreoeconómico por comunidades autónomas y ellos no son la joya de la corona. Los gallegos son irónicos pero mansos, escépticos pero consentidores, inocuos prácticos por su pasividad real. Esa es la idea de la gestión gubernamental de España: utilizar selectivamente el déficit para que cuando vuelva la alternancia, que lo paguen otros.