Violencia
Opinión
CÉSAR CASAL GONZÁLEZ | O |
06 Jul 2004. Actualizado a las 07:00 h.
EL OGRO de las Árdenas, un galo de 62 años, que precisaba dos vírgenes al año, coge el testigo criminal del pederasta belga Dutruox. A ambos les ayudaron sus mujeres. Incomprensible. ¿Puede el amor ser tan ciego o ellas son tan asesinas como sus parejas? El ogro, que había estado en la cárcel por violación y que salió por, no se lo pierdan, buena conducta, cavaba la tumba antes de salir de caza. Ahora se supo en Francia. En España, más de lo mismo. La víctima, siempre mujer. Un joven de 18 años secuestra en Murcia tres días a su novia de 15 años por haber tenido relaciones con otros y la mata a golpes. Primero, con la pitón de la moto; después, mordiscos y patadas. La muerte, con una barra de hierro y un bote de cristal que le rompió en la cabeza. En Gran Canaria, un tipo de 39 años entona el «mía o de ninguno» y llega a la casa en la que ya no vivía y mata a la mujer que ya no quería estar con él delante de sus tres hijos. La niña, de 13 años, es la que llamó a la policía. Le rebanó el cuello con un cuchillo de cocina y gritó: «Ayúdenme, he matado a mi mujer». ¿Ayudarle a qué? Ellas, casi siempre las víctimas. ¿Qué más da el nombre de la ley? El único género de estos violentos es el de las bestias. cesar.casal@lavoz.es