La Voz de Galicia

Javier Rojo

Opinión

PABLO MOSQUERA

11 Apr 2004. Actualizado a las 07:00 h.

ALAVÉS. Linotipista de Fournier, empresa famosa en el mundo por la fabricación de naipes. Vecino y amigo en una Vitoria que ha dado gentes como Fernando Buesa, su inseparable amigo y compañero, con el que compartió singladura en el Ayuntamiento, en el Parlamento vasco y en el primer Gobierno Foral de coalición con el PNV, cuando fue diputado general, Emilio Guevara, que ha roto con el nacionalismo y hoy milita en el socialismo; incluso, no me extrañaría nada que fuera el sustituto de Rojo en Álava. Rojo lleva años entre las capitales de España y Euskadi, entre otras razones que me confesó, por lo mal que tolera los servicios de escolta, imprescindibles en cuanto pisa el País Vasco, y más tras el asesinato de Buesa, a unos cuatrocientos metros de nuestras viviendas. Hombre vehemente, imparable cuando se calienta . Con un discurso directo, que ha tenido momentos en los que ha pedido la salida de Álava de esa Euskadi gobernada y modelada por el nacionalismo radical. El día del asesinato de Buesa, fuimos los primeros en llegar al escenario de la tragedia; él tuvo que decírselo a la viuda de Fernando, yo, a la madre de Jorge Díaz Elorza, que era mi escolta habitual, y que prestaba un servicio coyuntural al secretario general de los socialistas alaveses. Su presidencia en el Senado supone la presencia de uno de los hombres que han contribuido a lo que llamamos «la frontera alavesa», de la que partió una actitud de coraje, dignidad y unidad de los demócratas no nacionalistas frente al pacto de Estella y tras los sucesos de Ermua en 1997. Sus primeras declaraciones en la prensa nacional son moderadas, incluso respetuosas para con el lendakari, al que llegó a culpar, personalmente, de los sucesos en el entierro de Buesa, cuando estuvimos a punto de llegar a las manos los ciudadanos no nacionalistas y nacionalistas de Vitoria. Llega al Senado en el momento del cambio. Espero que pilote las reformas para que asuma el papel de cámara de las autonomías, en unos momentos en los que habrá que adecuar el mapa del Estado a las reformas estatutarias. No será diputado general de Álava, lo que supondrá un trueque asumible. El PP continuará en la Diputación Foral, y deberá ceder el Ayuntamiento de Vitoria al PSOE, salvo que se reedite en el País Vasco el modelo mixto de acuerdos PNV-PSOE. Ahí Rojo tiene mucho que decir, y será muy valorada su opinión, en fechas muy próximas.


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