Todos culpables
Opinión
29 Jan 2004. Actualizado a las 06:00 h.
EN LA POLÍTICA española no se cumple el principio sartriano de que el infierno son los otros. Aquí, los demás son simplemente los culpables necesarios para explicar lo que ocurre. Ello les permite a nuestros políticos comparecer como criaturas inocentes que afrontan las dificultades con ejemplar entereza y son sistemáticamente malinterpretados por ese otro culpable que se empeña en profundizar en sus errores, convirtiéndose, paradójicamente, en cómplice de sus adversarios. Lo de Cataluña lo ilustra bien. Carod-Rovira no sólo no ha pedido ni pedirá excusas por sus encuentros con dirigentes etarras sino que culpa al Gobierno central de no hacer lo que él (dialogar con ETA) para que los terroristas dejen de matar algún día. Y, sobre sus interlocutores de la banda armada, pregunta si es que «prefirieron no detenerlos y después, a un mes y medio de la campaña electoral, hacer explotar esto directamente contra un partido soberanista pacífico que va creciendo cada vez más». El presidente Aznar culpa al Ejecutivo catalán de acoger a «personas que quieren pactar con los terroristas» y dice que el liderazgo de Zapatero es irrelevante «en uno de los espectáculos más bochornosos vistos en los últimos tiempos». En paralelo, Mariano Rajoy nos pinta a un candidato socialista «perdido en un laberinto», tras perder el hilo conductor y después de haberse obligado a cambiar su modelo y su idea de España; un hombre, en fin, que «avanza sin rumbo hacia ninguna parte». El secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, después de afrontar la situación con hartas dificultades, responde con una pregunta a la yugular: «¿Por qué no fueron detenidos los terroristas de ETA que acudieron a la reunión si se sabía quiénes eran y cuando se iban a reunir con el señor Carod-Rovira?». Los socialistas exigen una respuesta en la Diputación Permanente del Congreso, que debería reunirse con urgencia y en la que habría de responder el presidente del Gobierno. El infierno no son los otros. Por el contrario, ¡los otros son la solución! ¿Todos culpables entonces? No, señor Carod-Rovira, el culpable es usted, pague quien pague las consecuencias.