La Voz de Galicia

Un plan llamado Galicia

Opinión

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

28 Jan 2004. Actualizado a las 06:00 h.

DURANTE estos días toda la prensa regional recoge información diversa sobre el llamado Plan Galicia. Tan diversa como aparentemente contradictoria. Por un lado, la información oficial que, con razones, insiste una y otra vez en el cumplimiento de los contenidos del plan. Por otro lado, la oposición; unos lo califican de propaganda electoral, y algo hay de ello; claro que si un partido político no da a conocer lo que hace, difícilmente será conocido y valorado por los votantes. Otros de los opositores afirman que no es más que una suma de inversiones ya previstas en los planes de la Xunta y del Gobierno central; y tampoco les falta del todo razón, pero ello no debe impedir ni la correcta valoración de la aceleración de los plazos ni la obra nueva. Estamos en todo caso dentro de las habituales percepciones partidistas, ambas sesgadas, ambas parciales. Pero lo sorprendente es que cuando se acude a encuestar a la población, los ciudadanos piensan como los representantes de la oposición; el porcentaje de los que piensan que las obras avanzan está aumentando y aun así no creen en el plan. Ello genera una inquietud política que acentúa el aparato propagandista, y el ciclo vuelve a empezar. La realidad es que se ha hecho un gran esfuerzo por parte de la Xunta, y particularmente por el tesón del presidente y la gran capacidad de gestión del conselleiro, para adelantar plazos, para licitar proyectos, para adjudicar obras. Ya tenemos tramos de alta velocidad acabados y muchos más en obras; porque las cosas para hacerlas hay que proyectarlas, aprobarlas, adjudicarlas y toda esa pesada burocracia. ¿Quién nos iba a decir hace unos años que todas las ciudades gallegas iban a tener en el futuro tren de velocidad rápida? ¿Quién nos iba a decir que íbamos a tener una red de autovías? Y la gente lo sabe; entonces, ¿por qué no creen? En otra encuesta dicen que seguirán votando al PP. ¿Por qué no creen? Unos porque -dada la idiosincrasia del país- esperan a ver para creer. Otros, los más, será por distintas razones, pero muchos porque aprecian un exceso de propaganda en relación con las realizaciones, probablemente no necesaria. El caso es que los objetivos se cumplen, e incluso algunos se adelantan, que los avances en la red de infraestructuras son extraordinarios; entonces, ¿por qué los ciudadanos siguen sin creer? Tal vez porque haya un error de partida: porque no es un plan; porque no deja de ser un programa de inversiones básicamente infraestructurales, acelerado y ampliado por el incidente del Prestige . Y un plan es otra cosa. Sobre todo un plan llamado Galicia. Quizás por eso, porque hay un error nominal inicial, lo que la gente piensa es que este no es el plan que Galicia precisa. La realidad es que se trata tan sólo de un programa de inversiones, unas previstas y otras nuevas, que nace de la adición de partidas y no de una planificación reflexiva. Con todo, es un extraordinario punto de partida. El caso es que, de acuerdo con lo dicho, los nominalismos no son algo académico, pero tienen su importancia para dotar de coherencia a la acción, porque sin coherencia interna es difícil pensar que el supuesto plan llegue a ser creíble, aunque sea real.


Comentar