Fama o inmortalidad
Opinión
11 Dec 2003. Actualizado a las 06:00 h.
«TRIUNFAR tarde no es triunfar, es alcanzar a la vez la inmortalidad y la muerte». Es la primera frase que memoricé en mi vida, en una de mis lecturas a los dieciséis años, muletilla que saco cuando me conviene. Es de André Maurois, quien se la atribuye a Benjamín Disraeli en la biografía que escribiera sobre el político británico del siglo XIX. Otra, que cito ahora muy a menudo, la leí en Esquilo: «No hay anciano que no pueda vivir un año más, ni joven que no pueda morir el día siguiente». Ambas sirven para consolarse; la primera del fracaso que es toda vida, y la segunda de la muerte, causa de ese fracaso. Disraeli tenía deseos de trascendencia hace cerca de dos siglos, cuando el triunfo significaba consagración eterna. Hoy ya no es así. No se triunfa, se llega a la fama. Y la fama es efímera, aunque esta frase no suene bien al oído. Andy Warhol decía -va degenerando también la paternidad de las citas-, que en Estados Unidos todo el mundo es famoso durante un cuarto de hora: ganan fama, más no eternidad. Pero no hay que desesperar. La inmortalidad puede llegar post-morten. Incluso, miren qué perogrullada; incluso es imprescindible morir para llegar a ese estado beatífico: «En Francia -exclamó Hector Berlioz en un momento de desánimo y lucidez- resulta necesario vivir doscientos años para imponerse como compositor». Si viviera ahora, sería testigo de la multiplicidad de homenajes con los que se está celebrando el segundo centenario de su nacimiento, que tuvo lugar en un pequeño pueblo al pie de los Alpes, el 11 de diciembre de 1803. Para confirmar sus predicciones, los melómanos hemos tenido que optar la noche del jueves pasado por una de las cuatro grandes manifestaciones musicales programadas en París: la Sinfonía fantástica interpretada por la orquesta de la Guardia Republicana en la iglesia de los Inválidos; el oratorio La infancia de Cristo en el teatro de Campos Elíseos; Elegías en el teatro Chatelet y la ópera Benvenuto Celini en la Casa de la Radio. Sin hablar del montaje Berlioz y Shakespeare en el museo de Orsay y la magnífica exposición en la biblioteca nacional: partituras, manuscritos, instrumentos, cartas, cuadros, maquetas de operas y entrevistas grabadas a grandes especialistas sirven de referencias al visitante que puede deleitarse escuchando en auriculares diez pasajes de la obra del músico romántico por excelencia. La ciudad de Lille inaugura su condición de capital cultural de Europa con la interpretación de una obra que sorprendió a los contemporáneos de Berlioz: Canto en loor de los ferrocarriles . Amsterdam, Londres, Berlín y San Petersburgo recordarán también las etapas del itinerario de un aventurero que proclamó: «Existe una América musical, cuyo Colón ha sido Beethoven. Yo seré Pizarro o Cortés». Berlioz es a la música francesa del siglo XIX lo que Víctor Hugo es a la poesía y Delacroix a la pintura. Se cruzan entre ellos algunos temas como la muerte de Sardanápalo, de la misma manera que se cruzaron sus vidas, su pasión por Shakespeare y los combates por la libertad. La libertad, Berlioz comenzó conquistándola al desafiar dos órdenes paternas: abandonar la música para estudiar medicina y romper su relación con una actriz irlandesa, llegada a París para interpretar los papeles de Ofelia y Julieta. Las experiencias de su juventud son la materia biográfica de su Sinfonía fantástica , que se llamó inicialmente Episodio de la vida de un artista . Con ella, los sueños de opio entraron por primera vez a las salas de concierto. Romántica fue también su pasión por los viajes, la exaltación del sufrimiento, la fascinación por los paisajes de Italia, por el Fausto de Goethe, el rechazo a las convenciones y la obsesión por la muerte. Napoleón Tercero lo tuvo a la distancia y Berlioz debió ganarse la vida como periodista y concertista itinerante. A lo primero debemos sus voluminosos tomos de crítica musical , en los que escribe frases tan injustas y divertidas como esta : «La fuga es un género musical en el que un tema corre detrás de otro y el público delante de todos». Y lo segundo le valió la amistad de Liszt, Paganini, Chopin e inicialmente, Wagner. No deja de ser criticado Berlioz por las insuficiencias de su construcción, el alargamiento de las frases, el énfasis patético y el lirismo febril. Pero también sigue fascinando su pasión inalterable por la música, inseparable de la vida misma. Dentro de dos siglos se discutirá su creación y será inmortal a la manera de Borges. Lo único que deseaba el autor de Ficciones era que de toda su obra quedara en la memoria humana un verso, una idea, y que se ignorara quien fuera su autor. Quizás esta forma de olvido sea la única inmortalidad posible. Galicia fue un verdadero y moderno vivero para el pueblo español en emigración, hasta estimulada y reconocida por el ministro español de la época: «Mientras en España no podamos ofreceros lo que encontráis en otros países, el Gobierno español está decidido a defender vuestro sagrado e inalienable derecho a emigrar» (Romero Gorria), y es que un obrero que se exportaba era un antifranquista menos dentro del país, además de su preciada divisa. Las causas de la emigración hoy en día, siguen siendo las mismas: la persona busca mejorar su penosa situación en sus países y si no fuese porque la Europa que otrora nos abrió sus puertas tiene sus buenos millones de desempleados y cerradas sus puertas, volveríamos de nuevo como carne de cañón dócil y barata, para alivio, como entonces, del régimen actual. Este país y por razones de pobreza y atraso, nunca ha sido de inmigración o acogida de emigrantes, todo lo contrario, sin embargo dentro de nuestros sufrimientos y explotación como tales emigrantes, nunca llegaron a provocarnos la muerte violenta como a la que estamos asistiendo hoy en día. La emigración clandestina, siempre ha existido junto a la oficial, aunque a la hora de su explotación no había diferencias, ya que ambas sufrían lo mismo. Me pregunto ¿Cómo es posible permitir la muerte de centenares de personas que tratan de llegar hasta lo que creen El Dorado sin que los gobiernos de ambos lados muestren apenas alguna solución? ¿Dónde están las manifestaciones contra de los gobiernos magrebíes por permitir tanta sangría y muerte de sus ciudadanos? Antonio Prieto. Cervás-Ares. Me harté de que nos hayan mentido y nos mientan con el Prestige y que nadie se haga cargo. Me harté de que los muertos por accidentes laborales alcancen escalofriantes récords, sin que se intensifiquen los controles y las exigencias por parte del Gobierno y que para colmo hay antecedentes judiciales, que la víctima termine siendo el culpable del accidente. Me harté de que nos digan que España va bien y sigamos con cifras del paro cercanas al 9% a pesar de los contratos basura. Me harté de que el tema del Yakovlev haya entrado en una nebulosa que oculta responsabilidades. Me harté de que estemos metidos en una guerra imperialista por el dominio del petróleo y nos digan que es con fines humanitarios. Me harté de que el pueblo sea el convidado de piedra en la elección de cualquier cargo político ejecutivo: Comunidad de Madrid, Cataluña, alcaldía de Vigo, y que los partidos políticos mediante cualquier artimaña y/o negociación pongan a quien les parezca, sin la directa intervención de los ciudadanos. Me harté de que nos subestimen y nos traten como a imbéciles y me harté de que todavía haya ciudadanos que piensen que eso es responabilidad de otros. Juan Manuel Balakuniec González. A Coruña.