Confianza
Opinión
03 Sep 2003. Actualizado a las 07:00 h.
LOS PARTIDOS, vehículos naturales de la política, están siempre o casi siempre en crisis, sobre todo si se los mira desde fuera. Y es fácil sorprender a cualquiera de nosotros criticándolos unas veces por dejar traslucir sus disensiones internas y otras veces por su monolitismo, por la ausencia en ellos de discrepancias, que se entienden obligadas en un funcionamiento democrático. La digitalizada elección de Mariano Rajoy como sucesor en el PP no se ha librado de esta tensión y hasta ha permitido a nuestros atónitos ojos ver en Aznar, al referirse a los candidatos descartados, un reflejo de humanidad y calidez en aquella retenida lagrimilla que nunca llegó sin embargo a deslizarse por su rostro. Hasta esto pareció calculado y perfecto. El resto del indudable acierto en la jugada lo pone la seriedad política y ecuanimidad de Rajoy. Transmite confianza, el valor más descuidado desde hace tiempo por los partidos y por eso más valioso.