La coalición y los planes de guerra, objeto de reflexión
Opinión
31 Mar 2003. Actualizado a las 07:00 h.
Le Monde publica un editorial según el cual, «por muy pocos que hayan sido, los retratos de Sadam Huseín exhibidos en la manifestación antiguerra del sábado en París fueron demasiados. Como fueron demasiados en esta manifestación, y en las precedentes, las banderas, eslogans y, por desgracia una vez más, las agresiones antisemitas. Sadam Huseín, el señor de Bagdad, no es un héroe, sino un dictador y un carnicero. No tiene más oposición que la que está muerta o huida. (...) Tampoco es una víctima, aun cuando la guerra que se le hace, mal hecha, con toda la arrogancia ignorante y, según algunos, presuntuosa de los halcones de Washington contribuiría a asignarle ese dudoso estatus. La víctima es el pueblo iraquí, hoy como ayer, de éste como de otros, en una maldición que consistiría, entre dos azotes, en elegir el más familiar». El columnista Fred Hyatt analiza en el Washington Post las razones de la soledad de EE.UU. en el conflicto de Irak. Bajo el título de Obstinada ortodoxia , dice que «Bush se quedó sin oportunidades cuando rechazó arrogantemente el Tribunal Penal Internacional, el protocolo de Kioto y el tratado contra misiles balísticos. Si hubiera mantenido los compromisos de la administración Clinton sobre estas y otras iniciativas multilaterales, otras naciones habrían aceptado el liderazgo estadounidense en Irak». «El presidente Clinton a su manera también rechazó (esas tres propuestas). Sólo que no lo hizo con tanta arrogancia o, como dírían los partidarios de Bush, tan honestamente». «Una conclusión es que hablar claro no es siempre el mejor camino en diplomacia (...) Pero no fue por falta de diplomacia sincera por lo que Clinton fracasó en su intento de convencer a Rusia para que bendijera el sistema estadounidense de defensa con misiles, o a Europa para que modificara Kioto (...) En cada caso, los rechazos tenían relación con los temores extranjeros a convertir América en plaza única del mundo (...) Clinton fue más hábil que Bush al suavizar ese resentimiento, pero no era más partidario que él de constreñir la economía estadounidense ni de ceder el control judicial sobre sus tropas en el extranjero para conseguirlo». El diario israelí Ha'haretz asegura, en un artículo de Yossi Melman, que «si lo ponen entre la espada y la pared, el líder iraquí optará por las armas biológicas o químicas». El analista cita a expertos según los cuales en la conducta de Huseín «durante 30 años de régimen no hay signos de tendencias suicidas. No va a ser un Hitler que cometa suicidio en su búnker». «Otra cuestión no menos importante es cómo reaccionarán los americanos o los británicos si sus soldados son atacados con armas químicas o biológicas. Fuentes americanas han sugerido en varias ocasiones que la respuesta será el uso de armas nucleares. Los expertos no lo creen. En su opinión, EE.?UU. responderá con gran fuerza y eliminará las restricciónes que se ha impuesto para limitar los daños a la población civil, pero no usará armas nucleares». Hassan Tahsin, columnista de Arab News , publica en el periódico saudí un artículo titulado Confrontación con el peligro islámico . «No coincido -dice- con quienes niegan que el objetivo de la invasión anglo-americana de Irak sea la liberación de este país. Los americanos y sus seguidores británicos verdaderamente quieren liberar Irak con el fin de convertirlo en un ejemplo para toda la región. Por esa razón, el objetivo primario de la invasión (...) no es simplemente Irak sino todas las naciones islámicas y árabes. Es una guerra de agresión destinada, por un lado, a aterrorizar a los países de la región y, por otro, a imponer un modelo americano. (...) Creen que está comenzando a cristalizar un nuevo sistema que ocupará el lugar del anacrónico y anticuado sistema árabe». Los conceptos sobre el choque de civilizaciones son «los que guían a los políticos de élite y a los líderes militares en la administración americana hoy, y los llevan a anticipar una confrontación con quienes consideran el peligro usurpador de Oriente, el Islam, al que eligieron como el nuevo enemigo tras el hundimiento de la amenaza soviética».