La Voz de Galicia

Una guerra sin explicar

Opinión

FERNANDO ONEGA

05 Sep 2002. Actualizado a las 07:00 h.

HAY QUE aparcar los asuntos españoles, incluida la boda, porque, como diría Xosé Manuel Beiras, parecen asuntos de «débiles mentales» al lado de lo que está ocurriendo en el mundo. Y es que el señor Bush está enardecido de ardor guerrero. Este fin de semana hará sonar tambores de guerra desde Camp David. Él y Tony Blair se calentarán mutuamente. Cada minuto que pasa es un minuto que nos acerca al ataque de Estados Unidos a Irak. Todos sabemos qué busca el presidente americano: supuestas armas de destrucción masiva. Como policía universal en que se ha convertido, se considera en la obligación histórica de librar al mundo de ese peligro y, si es preciso, pasar por las armas al representante del Maligno en la tierra: Sadam Husein. Lo anunció tanto, que no es ninguna sorpresa. La única sorpresa sería que renunciase a atacar. Lo malo es que el señor Bush parece un llanero solitario. Casi nadie, salvo el entusiasta Blair, le quiere acompañar en su aventura de caballero andante contra los molinos de viento del eje del mal . El canciller Schröder dice que es «la decisión más arriesgada desde Vietnam». Los congresistas demócratas americanos no acaban de ver la necesidad del ataque. El New York Times dice que Bush no tiene licencia para atacar. Y está resultando muy difícil construir una alianza internacional como la formada después de las Torres Gemelas. Puede ocurrir que Occidente ha dejado de sentirse amenazado por el terrorismo. Puede suceder que no acaba de ver las pruebas de la maldad que Bush atribuye a Sadam. Puede pasar, incluso, que nadie quiere la aventura de un conflicto de alto coste y de final imprevisible. Pero Bush tiene que explicar al mundo sus razones con datos y hechos. De lo contrario, tenemos derecho a pensar que esta guerra que viene es el resultado de una obsesión personal o -más terrible todavía- el penúltimo capítulo de un ajuste de cuentas familiar.


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