Fontiñas
Opinión
24 Aug 2002. Actualizado a las 07:00 h.
LA LLAMADA inmobiliaria ha seguido creciendo en la primera mitad del año. Este hecho estadístico encubre una gran paradoja: mientras aumenta la edificación de viviendas, la demografía permanece estancada o, en el caso gallego, retrocede sin ser compensada por la inmigración. Contradictoriamente, el problema de la vivienda sigue sin resolverse porque, en esa especie de Monopoly que se juega en las ciudades, la población realmente necesitada no puede participar, ni comprando ni en régimen de alquiler. Los sobresaltos de la bolsa han convertido el sector de la construcción en refugio preferente del dinero. Se edifica y se compra más bien como una inversión a medio o largo plazo, y eso hace que en algunas ciudades los precios crezcan desmesuradamente. Esto es, hay quien invierte en pisos -mejor dicho, en acciones de suelo- allí donde hay mayor interés inmobiliario, como sucede en Santiago o en A Coruña. También es cierto que este sector es uno de los más dinámicos generadores de empleo y, por ende, uno de los motores de la actividad económica en España, pero si buena parte de los pisos quedan deshabitados, el ciclo económico se quiebra. De mantenerse la tendencia actual, habrá partes de la ciudad con más viviendas que residentes, con espacios públicos medio vacíos y de difícil mantenimiento. Como he dicho en alguna ocasión, ciudades con persianas bajas . Los registros estadísticos revelan que cuando realmente se logró contener el precio de la vivienda en Santiago de Compostela fue con la operación pública de Fontiñas, que invirtió la tendencia al alza por su importancia cuantitativa como operación de choque, pero también por la calidad de los espacios, la incorporación de dotacionales públicos y privados y los buenos accesos. A priori se consideraba opinable la introducción en Compostela de un modelo urbanístico tan potente, pero al día de hoy hay que constatar su éxito. Aunque no tenemos costumbre colectiva de reconocer aciertos, éste hay que atribuírselo al empeño personal del que fuera conselleiro de Ordenación Territorial, Antolín Sánchez Presedo, y del director del Instituto de Vivenda, José Carlos Baños, por llevar adelante un proyecto de tal magnitud. Está probado que ni las ofertas masivas de suelo residencial en planes generales, ni las medidas liberalizadoras sin más, ni el libre mercado, pueden regular el problema de la vivienda. Hoy el IGVS está emprendiendo en toda Galicia acciones muy importantes, que esperemos cumplan el mismo objetivo que aquélla: si no bajar -cosa improbable en las ciudades con tirón inmobiliario-, sí contener los precios, para que quienes necesitan vivienda no tengan que endeudarse más allá de su capacidad real o emigrar a otros municipios.