La Voz de Galicia

DIÁLOGO

Opinión

ERNESTO S. POMBO

21 Jun 2002. Actualizado a las 07:00 h.

Hemos superado, con gran madurez, la jornada de huelga general. Salvado la guerra de cifras de participación. La huelga, no podía ser de otra forma, supuso un rotundo éxito para todos. Incluso para los escépticos resultó divertido escuchar que la participación fue del 12 por ciento. Se ve que sólo contaron a los afiliados al PP. Estamos acostumbrados. Las cifras se interpretan de acuerdo a las necesidades. Pero, nadie duda que en España va a seguir amaneciendo con normalidad y, por tanto, que hay que mantener el pulso del país. ¿Y ahora qué? Pues ahora, el Gobierno y las fuerzas sociales tienen que recuperar el diálogo. Superar el convencimiento de que resulta imposible. El deterioro que sufrió en los últimos meses, hasta desembocar en un paro general, no es más que un síntoma de frustración. Para todos. Para quienes han creído que el paro era la única forma de manifestar la oposición a una política, y para quienes, soberbiamente, entendieron que había que disputar el partido porque «lo vamos a ganar». Tienen que empezar por aceptar que se han estrellado contra su propia incompetencia. Del 20-J no deben de quedar vencedores ni vencidos. Debe de quedarnos, únicamente, la sensación de un estrepitoso fracaso. La de haber cometido un importante error que no debería repetirse. La reforma de protección del desempleo, como otras muchas cuestiones que amenazan la convivencia pacífica y sensata del país, no pueden imponerse a golpe de decretazo. Ni ser rechazadas con paros generales. Quienes entienden que resulta imposible recuperar ese diálogo y esa capacidad negociadora con el Gobierno Aznar, y quienes vieron en la convocatoria de esta semana una forma de desprestigio internacional de España, están obligados a olvidar y a hacer frente al futuro sin rencores. Ni rencillas. Sus responsabilidades les exigen que afronten sin desconfianza el diálogo y la discusión. Porque el objeto de toda discusión, ya lo decía Joseph Joubert, no debe ser el triunfo, sino el progreso.


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