CINISMO
Opinión
06 Mar 2002. Actualizado a las 06:00 h.
Estamos escandalizados. La muerte de dos jóvenes en Málaga por consumo de drogas sintéticas, durante una fiesta de música «tecno», nos ha escandalizado. Y el cinismo general nos obliga a padecer un bombardeo de pésames, condenas, acusaciones y declaraciones de buenas intenciones. Pero no hay que escandalizarse. Muy al contrario, hay que ser realistas. La muerte de estos dos jóvenes andaluces no es más que la punta de un iceberg que vuelve a emerger. Y por muy doloroso que resulte, hay que ser capaces de ver todo lo que esconde. Porque, ¿acaso desconocíamos que en los conciertos, en las macrofiestas, en las fiestas de alta sociedad, en los callejones, en público y en privado, se consume droga? Estamos siendo extraordinariamente condescendientes con uno de los más sangrientos asesinos de nuestra sociedad. Convertimos la biografía de Pablo Escobar en un best-seller . Respaldamos a los laureados deportistas que logran medallas olímpicas gracias a sofisticadas sustancias. Tenemos como iconos a líderes de grupos de rock, futbolistas mediocres y a un par de escritores que confiesan abiertamente que serían incapaces de alcanzar el éxito sin ayuda. Hacemos gracias del caballo , del esnife y del chute . Y hasta justificamos que nuestros hijos se vean en la obligación de recurrir a algún producto para no dormir y seguir siendo grandes estudiantes. Fuimos demasiado lejos. Dentro de nuestra cultura hemos incluido el consumo de sustancias tóxicas con absoluta naturalidad. Las drogas de diseño, las eufóricas, la heroína, la cocaína, el hachís y el alcohol forman ya parte de la vida diaria para millones de personas. Como la música. O la literatura. Ya va siendo hora de que afrontemos el problema con rigor. Si la prohibición y la represión no funcionan, pongamos en práctica otros procedimientos. Pero dejemos de ser complacientes con la muerte. Por algo hay que empezar.