La Voz de Galicia

CLONACIÓN, PODER Y DINERO

Opinión

JOSÉ RAMÓN AMOR PAN

10 Feb 2002. Actualizado a las 06:00 h.

Algunos piensan, de manera harto ingenua y hasta falaz, que las cuestiones financieras nada tienen que ver respecto al debate ético y jurídico sobre la clonación. Sorprende todavía más que se diga eso justo cuando uno de los que están trabajando en esta área de la biología en el Salk Institute de California, el español Izpisúa, declaraba hace escasos días que «ya que se está haciendo por distintas empresas privadas, hagámoslo con financiación pública, porque esto es un bien social (...) si lo dejamos sólo en manos de los grandes laboratorios privados, todos los controles van a estar supeditados al tema económico y van a ser muy laxos». Y otra de las grandes voces representativas, Ian Wilmut, director del equipo que creó a la famosa Dolly, declaraba a los dos días del anuncio de la Advanced Cell Technology: «En términos de avance sobre la clonación humana es bastante irrelevante y el anuncio parece indicar que necesitan publicidad para refinanciarse». Como se puede comprobar, el gran argumento que se está empleando aquí, aparte de la política de hechos consumados, es de racionalidad económica. No es la primera vez que en los últimos meses aparece este enorme problema de la investigación científica actual. Las catorce publicaciones biomédicas más importantes del mundo suscribieron un editorial conjunto en septiembre a favor de la independencia científica y la responsabilidad moral. Entre otras cosas, podemos leer: «Estamos preocupados por el actual desarrollo intelectual y el modo en que algunas investigaciones clínicas son concebidas; también nos preocupa cómo se eligen los objetos de estudio y cómo son comunicados -o no comunicados- los datos analizados (...). El impacto económico de tales investigaciones en muchos casos puede ser sustancial. Los ensayos publicados en los medios de perfil alto se pueden utilizar para comercializar nuevos fármacos que potencialmente ofrecen un considerable beneficio para el patrocinador». El engaño siempre ha sido un arte. Desde que la ciencia pasó de vocación a profesión y los accionistas vieron las enormes ganancias que la actividad farmacéutica les podía suponer, se engaña por dinero: para poder financiar investigaciones, proyectos, instituciones, o por el mero afán de lucro, gracias al cobro de patentes. Muchas veces hay más marketing que ciencia, y casi siempre hay poca ética. El fraude científico ha pasado a ser un hecho habitual, y para combatirlo se han creado comisiones investigadoras especializadas. Sin embargo, la verdad no siempre acaba triunfando. En el debate sobre la clonación los intereses económicos en juego son absolutamente fabulosos; la gran industria farmacéutica constituye, junto a la industria militar, el grupo de presión más fuerte actualmente en occidente: no querer reconocerlo así es miopía, u otra cosa... Se trata de seducir a las masas y a los propios investigadores para que apoyen una determinada línea de investigación, que curiosamente coincide con la de mayores intereses económicos, implicando a los órganos administrativos, políticos, académicos y publicísticos hasta lograr transformar en asuntos de Estado las disputas entre científicos y las propias expectativas de lucro. La Bioética lo que reclama, precisamente, es que el debate sea lo más sereno y racional posible. ¿Lo conseguiremos?


Comentar