La Voz de Galicia

PORTUGAL

Opinión

CARLOS G. REIGOSA

04 Feb 2002. Actualizado a las 06:00 h.

Las elecciones legislativas que se celebrarán el próximo mes de marzo en Portugal abren un intenso ciclo electoral en toda Europa, que continuará con los platos fuertes de las presidenciales y legislativas francesas y con las generales alemanas. Todo un horizonte de incertidumbre si se tiene en cuenta lo igualadas que están las fuerzas por todas partes (al menos en apariencia). Los cambios ni son seguros ni se excluyen. En el caso portugués, la dimisión del socialista pragmático Antonio Guterres, tras el desastre electoral en las municipales, ha dejado al Partido Socialista Portugués ante una profunda crisis de liderazgo, que se pretende remediar con la candidatura de Eduardo Ferro Rodríguez, un todoterreno que abre los brazos en el intento de abarcar a los moderados y a los comunistas (a éstos mediante una alianza poselectoral). Enfrente de él, el candidato del Partido Socialdemócrata, José Manuel Durao Barroso, promete el relevo de las pocas recetas socialistas en vigor y su sustitución por otras neoliberales paniaguadas y no agresivas. En suma, una pugna por el voto que se acumula en el centro. Un anuncio de lo que va a ocurrir en las otras citas electorales.


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