ATAQUE DE NERVIOS
Opinión
VENTURA PÉREZ MARIÑO
26 Dec 2001. Actualizado a las 06:00 h.
De la irrupción masiva de la mujer en el mundo laboral sólo se pueden emitir consideraciones favorables; por las mujeres y por todos aquéllos que ansían y valoran vivir en una sociedad igualitaria, sin distinciones en razón del sexo. Pero coincidiendo con la enorme transformación social que supone la generalización del trabajo femenino, se ha producido, en paralelo, una acusada caída de los índices de natalidad. Cuando comenzó el fenómeno del trabajo femenino se presentaba la imagen de una mujer a la que le era posible ser esposa, madre, profesional y siempre presentable. Sin contrapartidas. Pero poco habría de durar esa representación idílica. La realidad desmintió la existencia de esas superwoman. A la mujer no le es posible triplicarse o desdoblarse de forma permanente entretanto subsistan las actuales estructuras sociales no preparadas para hacer compatible trabajo e hijos en condiciones aceptables. Así no es de extrañar que habiendo primado trabajo sobre hijos, la caída de los índices de natalidad en los países desarrollados, y de forma especial en España, haya llegado a niveles alarmantes. En nuestro país el número de hijos por mujer en edad fértil es 1,1, cuando para sólo cubrir el nivel de reemplazo debía ser de 2,1 hijos por mujer. No intuyéndose en la actualidad datos nuevos que permitan pensar que el descenso es una nube de verano; al contrario, cada día se afianzan las razones de las mujeres para desdeñar embarazos. Las consecuencias del descenso de natalidad son notorias: la población envejece, el campo se abandona, los pupitres se van despoblando y las pensiones se vuelven dudosas... Todo conformándose quedamente, sin sobresaltos y sin estridencias. A pesar de ello, como suele ocurrir con los asuntos trascendentes, hay una especie de aceptación e inevitabilidad que permite que no se debata, ni sea objeto de programas electorales o de discusión política. Lo urgente empece la consideración de lo importante. Del antaño y de lo banal podemos hacer un galimatías, pero del futuro nos cubrimos. Ourense y Lugo son las dos provincias más envejecidas de España, pero con todo no pasa de ser un dato sociológico. No cabe duda que modificar una tendencia social no es una cuestión fácil, pero se torna imposible si no se intenta con convicción. Ayudas a la maternidad, infraestructuras que la hagan viable, llevar desarrollos a entornos pequeños, etc., son algunas de las medidas posibles. Pero en cualquier caso, lo previo es creer que la maternidad no es un problema individual sino colectivo. Si por el contrario nada se hace, las mujeres/madres/trabajadoras de nuestro país acabarán, como las de Almodóvar, «al borde de un ataque de nervios».