La Voz de Galicia

HUGO CHÁVEZ

Opinión

IGNACIO RAMONET RES PÚBLICA

18 Dec 2001. Actualizado a las 06:00 h.

Hace unas semanas pasó por París el comandante Hugo Chávez, presidente de Venezuela. Entre otros agasajos, se organizó un acto académico en el gran anfiteatro de La Sorbona con su participación y la de algunos intelectuales como el profesor norteamericano James Petras, la escritora francesa y militante antimundialización Vivianne Forrester, autora del célebre ensayo El Horror económico, el periodista británico Richard Gott, leyenda viva del reportaje sobre las guerrillas latinoamericanas, amigo de Che Guevara y autor de la primera biografía del comandante Chávez, Ramón Chao y yo. Chávez venía ya preocupado por el proyecto de huelga general que estaba preparando la patronal venezolana y que debía finalmente tener lugar el pasado 10 de diciembre. En conversación particular nos confesó su inquietud: «Lo de la huelga general es sólo una etapa de la gran ofensiva contra mí y contra la revolución bolivariana. Y seguirán inventando cualquier cantidad de cosas. No les extrañe que mañana inventen que yo tengo a Bin Laden allá en Venezuela. No les extrañe que hasta saquen algún documento demostrando con datos y pruebas que Bin Laden y un grupo de terroristas de Al-Qaida se esconden en nuestras montañas...». Yo lo había conocido dos años atrás, cuando acababa de ser elegido triunfalmente a la presidencia de la república. Él había leído alguno de mis libros, en particular Un mundo sin rumbo (Debate, Madrid, 1998), y quería que yo le hablase sobre la mundialización. Antes de pasarme muchas horas conversando con él estuve varios días en Caracas escuchando a sus opositores: parlamentarios, banqueros, ejecutivos, periodistas, intelectuales... Esencialmente, según se desprendía de estas conversaciones, eran tres las críticas principales: Chávez no tiene programa, Chávez es inculto, Chávez es vulgar. Hablando con el presidente pude comprobar que esas tres criticas son erróneas. Chávez tiene un programa de transformación social muy preciso y muy pensado, de «transformacion revolucionaria», según dice. Que supone reformas capitales en el reparto de las tierras, en la educación, en la economía, en la estructura del poder y en la de la propiedad. Aquéllos que lo acusaban de no tener programa, íntimamente debían cobijar la esperanza de que así fuese. Pero no; lo tiene y además lo aplica sin amedrentarse. «Cuando uno se ha decidido por el camino de la revolución para liberar a su pueblo -nos dice Chávez- se requiere una voluntad a prueba de todo, de todo. Y yo la tengo. Y me siento muy firme después de los ataques que se están haciendo contra mí. Porque esa voluntad hay que probarla, no sólo decirla. Hay que probarla, someterla a pruebas de fuego. Y hasta ahora esa voluntad no ha hecho sino incrementarse, y no me refiero a mi voluntad que es apenas una y no vale nada; la voluntad colectiva es la que se necesita. Porque soy de los que creen que no hay hombres providenciales en la historia. Sólo los pueblos hacen historia». Lo de «Chávez inculto» es otra falacia. Además de brillantes estudios militares, ha preparado un doctorado en Ciencias Políticas y, charlando con él, se ve que es un apasionado de geopolítica y geoestrategia. Conoce al dedillo a los grandes pensadores de la revolución latinoamericana. Y toda su ideología progresista está impregnada por la obra de tres figuras clave: Simón Bolívar, Simón Rodríguez (maestro de Bolívar, lector de Rousseau, enciclopedista e ilustrado) y Ezequiel Zamora (guerrillero del siglo XIX, militar que luchó al lado de los campesinos con la consigna «Tierra y hombres libres»). En fin, lo de «Chávez vulgar» es simplemente racismo. Porque es prácticamente el primer mestizo que asume la presidencia de Venezuela, lo que no le perdona una gran parte de la burguesía y de las clases medias blancas. Ante unos mil parisienses venidos a La Sorbona a escuchar y a descubrir este nuevo fenómeno de la izquierda latinoamericana, el presidente venezolano afirmó: «La lucha por la justicia, la lucha por la igualdad y la lucha por la libertad algunos la llaman socialismo. Otros cristianismo. Nosotros la llamamos bolivarismo». Y el comandante Chávez, que ha sido elegido y reelegido democráticamente; que ha ganado todas las elecciones de estos tres últimos años; que no ha mandado detener a nadie ilegalmente; que respeta escrupulosamente la libertad de prensa (aunque todos los medios de comunicación de masas estén violentamente contra él), lanzó la siguiente advertencia: «En Venezuela estamos haciendo pacíficamente una revolución. Sin embargo algunos ya andan diciendo que a Chávez le ha de pasar lo que a Salvador Allende. Pero la revolución socialista de Allende en Chile fue un intento de revolución desarmada. Y la revolución venezolana es pacífica, sí; pero no está desarmada. Se apoya en el pueblo y también en el ejército. Además de la voluntad revolucionaria tenemos los fusiles y los tanques. A esta revolución no la para nadie».


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