UNA PATADA EN LA BOCA DEL PODER
Opinión
OBITUARIO PARMENIO MEDINA (1939-2001)
08 Jul 2001. Actualizado a las 07:00 h.
Los costarricenses amanecieron ayer con la voz de Parmenio Medina por última vez en sus transistores. El sábado, tras grabar la edición del corrosivo programa de radio La Patada, cuatro sicarios le pegaron tres tiros a la puerta de su casa. Uno, el mortal, le atravesó la boca. Era la única forma de cerrársela. Ni los propios directivos de Radio Monumental, el altavoz por el que habían chorreado denuncias durante los últimos 28 años, habían conseguido que la penúltima batalla de Medina quedase silenciada. Había descubierto que el cura que dirigía la emisora Radio María, dependiente de la iglesia costarricense, se quedaba con parte de las cuñas publicitarias. Su empresa le prohibió hablar de Mainor de Jesús, el sacerdote en cuestión, y hasta del arzobispo, pero Parmenio acudió al Constitucional, que le dio la razón y le permitió seguir con el caso. «Es la muerte de un héroe y quien lo mató es una rata», decían ayer sus compañeros de La Patada, «el último reducto para luchar contra la corrupción en Costa Rica». Parmenio Medina, colombiano de nacimiento, llegó al país centroamericano a finales de los sesenta y en pocos años se convirtió en uno de los periodistas más populares. Con buenas dosis de choteo y humor sazonó investigaciones periodísticas que sacudieron en más de una ocasión las estructuras de poder del país. No era la primera vez que intentaban matarle. En mayo, varios desconocidos dispararon contra su casa, pero no le alcanzaron. El sábado grabó su programa por la mañana y luego lo llevó a la emisora. Cuando le asesinaron iba a casa a darse una ducha. Debía estar presentable para el homenaje que le brindaba la Asociación Iberoamericana Ético Humanística por su «encendida lucha contra la libertad de expresión».