LA CIUDAD ENTRE EL OCIO Y EL NEGOCIO
Opinión
ANDRÉS PRECEDO LEDO CRÓNICAS DEL TERRITORIO
23 Jun 2001. Actualizado a las 07:00 h.
El pasado lunes leía atentamente la clasificación de la liga de fútbol, cuando los resultados me trajeron al recuerdo la chispeante teoría de un catedrático de economía urbana, muy buen amigo mío que, entre broma y veras, dice a menudo en sus clases que un buen indicador del desarrollo de las ciudades, de su posición en la jerarquía urbana, es el lugar que ocupa su equipo de fútbol en la clasificación nacional. Y con esta sugerente idea en el pensamiento analicé -con toda la superficialidad que el tema requiere- los seis equipos de los primeros puestos, los equipos europeos. Y me dije, evidentemente, el primero corresponde a nuestra principal metrópoli (Madrid). Otros dos coinciden también con las otras ciudades que son centros económicos internacionales (Barcelona y Valencia). Los tres con más de un millón de habitantes. Otra es una ciudad media que constituye uno de los principales destinos turísticos mundiales y, por ello -aunque no siempre sea así- sede de empresas multinacionales líderes en el sector (Palma de Mallorca). Las otras dos son nuestras mayores ciudades. La primera, la del subcampeón, A Coruña. Y pensé. También esta ciudad -mi hermosa ciudad- es sede de empresas multinacionales -una, líder en el sector- y varios grupos empresariales ocupan entre el quinto y el sexto lugar de entre los de su clase en España; al igual que algunas de sus instituciones culturales alcanzan puestos sobresalientes. Y todo ello en una ciudad que no pasa de los 250.000 habitantes. Pero no acabaré aquí, porque pensando en Vigo, enseguida se dibujó su preeminencia en el sector automovilístico español, la construcción naval de alta tecnología, la multinacional de la pesca, y ahora, una empresa convertida en referencia de la investigación farmacológica. Ambas concentran además los principales motores del desarrollo regional, de nuestras exportaciones y la parte más sustantiva de nuestro producto interior. Son, sin duda, ciudades europeas, y también sus equipos lo son. ¿Tendrá razón mi amigo? Lo importante, lo significativo, es que unas ciudades medias puedan llegar a ser ciudades líderes de rango internacional. En un cercano ayer, eso era impensable, salvo casos excepcionales. La innovación, la internacionalización, las multinacionales, eran privativas de las grandes metrópolis, de las ciudades millonarias. Ahora, gracias a la mundialización de la economía, a la difusión de la información, a las nuevas tecnologías, a la dispersión del conocimiento, y a la flexibilización de las estructuras empresariales, ciudades de tamaño medio -cómodas, gratas y de escala humana- pueden llegar a ser ciudades internacionales, líderes en el sistema urbano. Lejos quedan aquellos estereotipados esquemas de que el progreso estaba asociado a las grandes áreas metropolitanas. Esa es, para mí, la verdadera revolución de las ciudades del siglo XXI, porque casi todas las ventajas que antes atribuíamos en exclusiva a las grandes metrópolis -algunas actividades siguen circunscritas a ellas- podemos encontrarlas hoy en las ciudades medias, más proporcionadas por su tamaño, más humanas por su escala, más accesibles por su dimensión. Las ciudades medianas, y algunas pequeñas también, son hoy referentes en el liderazgo del sistema internacional de ciudades. Sin duda que bajo esta concepción todos hemos salido ganando: las estructuras productivas, la cultura, pero sobre todo, los hombres, que podemos diseñar un mundo urbano más a nuestra escala que el que habíamos recibido. Ser una ciudad pequeña ya no es ser provinciana, aunque ser una ciudad grande sigue siendo signo de una metrópoli de rango superior. Son valoraciones diferentes, pero complementarias. Y estas consideraciones tienen especial importancia para un continente como el europeo, caracterizado por la abundancia de ciudades medias, frente a otros espacios mundiales donde el predominio corresponde a las grandes aglomeraciones. Es por eso, por lo que las ciudades medias europeas han tomado el relevo a las grandes ciudades, o comparten con ellas el liderazgo. Y al terminar esta reflexión, vuelvo la mirada a la tabla clasificatoria -del ocio y el negocio- y vuelvo a preguntarme: ¿mi amigo tenía razón?. A veces sí.