La Voz de Galicia

UNA PRETENSIÓN SANGRIENTA

Opinión

EDUARDO CHAMORRO

06 May 2001. Actualizado a las 07:00 h.

En toda y cualquier facultad de Derecho o Ciencias Políticas, en toda y cualquier academia de policía, enseñan a preguntar «¿A quién beneficia esto?» como primer -y, a veces, último- paso a la hora de encontrar al culpable de un delito, o de dar con el sentido de una táctica o el propósito de una estrategia. La pregunta -«¿A quién beneficia esto?»- se convierte en el más cínico e impío de cuantos planteamientos caben (y caben muy pocos) al afrontar sucesos tan bárbaros, enloquecidos y aberrantes como el asesinato de una persona que era presidente del Partido Popular aragonés, a siete días de las elecciones vascas. Es cínico porque se sabe que quien mata es ETA. La pregunta no es necesaria para señalar al delincuente. Es impío porque supone dar carta de naturaleza al beneficio de la sangre derramada, impiedad que sólo se remedia con la ley en la mano, con la ley que es el mandato más natural entre el hombre y sus semejantes. Es, además, una pregunta inútil, absurda, lúgubre y siniestra. Este asesinato no beneficia a nadie. Y esto lo sabe ETA perfectamente. ETA actúa como juez y verdugo con la simple pretensión de incluirse entre aquellos a quienes en nada benefician los actos de ETA. ETA es juez y verdugo para ser también víctima. Inventa el dolor y lo perpetra para exigir su participación en el dolor que produce e invoca. ETA no busca beneficio alguno. Sólo busca la muerte. Y no anhela otra cosa que verse imitada en tan macabra maquinación y ejercicio. Hace mucho tiempo que dejó de sembrar vientos para recoger tempestades. Hace mucho tiempo que sólo siembra muerte. Esa y no otra es la inteligencia a la que rinde culto. Una inteligencia cuya estrategia es conseguir una crispación generalizada en el País Vasco que dé lugar a una crisis total de cuerpo y alma, un quebrantamiento absoluto de la razón y de los nervios que abra paso a la matanza. ETA quiere hacer del País Vasco un océano de sangre. Sólo se enfrenta a quienes estén dispuestos a guardar la ley y a vivir en libertad jugándose la vida. No hay otra pretensión. Ni otra estrategia. No hay nada.


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