La Voz de Galicia

ROSALÍA EN MADRID

Opinión

EDUARDO CHAMORRO

22 Apr 2001. Actualizado a las 07:00 h.

Hay en Madrid una bodega muy célebre, abierta en la calle de Colón desde hace más de doscientos años, frente a la iglesia de San Ildefonso -donde ardían las hogueras de la antigua romería de San Pablo-, galardonada ahora con la visita de la familia Vaclav Berka, propietaria de la cerveza Pilsner Urquell, en gracia al mérito de servir esa cerveza con la misma calidad y esmero que en los caños primigenios de la lejana Bohemia. Hablo de la bodega de La Ardosa (palabra que en castellano no tiene sentido, e ignoro si lo adquiere en cualquier otra lengua), una vieja taberna de la que ya se hablaba mucho y bien en 1799, cuando el Diario de Madrid la utilizaba como referencia para quien quisiera comprar los grabados de la serie Los Caprichos, de Francisco de Goya, a la venta en un local «a dos manzanas de la taberna La Ardosa». Es un lugar curioso este de La Ardosa, una extraña encrucijada de presencias que se hacen vivas de súbito. A un palmo de la bodega, en el colegio de San Antón, estudió Víctor Hugo cuando su padre andaba combatiendo a El Empecinado. Y a otro palmo nació María Teresa del Toro, una noble madrileña que en mayo de 1802 contrajo matrimonio con Simón Bolívar, a quien acompañó a Venezuela para morir poco después en Caracas. Yo pasé mi infancia también a un palmo de ese bodega de La Ardosa, en un ático de la calle del Barco, donde Marta, ama de llaves en la casa de mis padres, y con no demasiado trabajo, pues a mis padres ya no les quedaba tanto que poner bajo llave, me contaba esas historias del hijo del general y de la esposa del caudillo venezolano, así como la de una mujer cuya poesía veneraba. Y un día, Marta me cogió de la mano, como siempre hacía, para llevarme a la iglesia de San Ildefonso, ante cuyo altar mayor me dijo: «Aquí se casó doña Rosalía de Castro». Rosalía de Castro y Manuel Murguía se casaron allí donde decía Marta, el 10 de octubre de 1858, frente a La Ardosa. Y se fueron a vivir a la calle de Valverde, en la misma manzana de la famosa taberna, donde de vez en cuando se aclaraban la garganta con un vermut exquisito, porque lo hacían en Reus.


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