LOS HECHOS Y LOS DERECHOS
Opinión
XOSÉ LUÍS BARREIRO
25 Oct 2000. Actualizado a las 07:00 h.
Cuando el Gobierno de Madrid se resiste a la modificación de las pensiones no contributivas o a la prestación de ciertos servicios médicos, aparece Chaves, rompe la baraja, y obliga a los demás a reaccionar de forma razonable. Cuando el PP se muestra timorato a la hora de flexibilizar el marco legal de las parejas, aparecen sus socios navarros, o el barón Zaplana, y rompen los argumentos del inmovilismo, al tiempo que sientan las bases para una solución más y mejor razonada. Cuando el PSOE se deja arrastrar por los cantos de sirena del neonacionalismo, y pone rumbo a los acantilados de Aznar, aparece Maragall y le planta un modelo federal cimentado en los límites de la Constitución, sin dejar más salida que una sincera reedición, actualizada y corregida, del consenso de la transición. Los ejemplos podrían ser muchos y apuntando todos hacia una misma conclusión: el sistema de autonomías no es la foto fija de una España sorprendida en pose extraña, sino el principio de una dinámica imparable que impulsa el proceso político a una velocidad desconocida. Por eso sus efectos se notan más allá de la lucha partidaria, hasta alcanzar a los mismos centros de decisión en los que se equilibran las distintas tendencias de cada fuerza política. Lo que antes se tenía por disidencia es ahora una forma plural de enfocar los problemas. Y lo que antes se interpretaba como un terremoto que hacía peligrar las estructuras del partido se aprecia ahora como un río de savia que hace rebrotar las ramas que parecían resecas. Ello no obstante, no debemos olvidar que estamos hablando de un aspecto instrumental, y que lo que tanto sirve a la evolución positiva de las cosas también puede servir para acelerar el ritmo y la magnitud de los errores. La picota de Bono, la rigidez de Iturgaiz y el integrismo lingüístico de Vidal Quadras también son frutos serodios de esta dinámica, que en modo alguno está vacunada contra la improvisación que se adivina detrás del brindis que acaba de hacer Zaplana. Reconocer una pareja de hecho es hacerla de derecho. Y una mala imitación del matrimonio no añade nada a los múltiples pactos de convivencia que el Derecho Civil hace posibles. Pero creo que el resbalón de Zaplana no es más que un dedo que señala la luna. Y todo hace pensar que la fuerza que lo mueve no es nada distinto de la dinámica multipolar que impulsa la formación de la España del futuro.