EL RESPETO A LOS DEMÁS
Opinión
MANUEL-LUIS CASALDERREY
29 Sep 2000. Actualizado a las 07:00 h.
Las huelgas golpean siempre en donde más duele, en el hígado de la sociedad. La de pilotos se convoca cuando están previstos el mayor número de vuelos, la de hostelería coincidiendo con las vacaciones masivas, las de sanidad cuando arrecia la gripe, es un decir. Lo que más me enerva de todas las huelgas son los piquetes informativos, que informan al comerciante de que o cierra el establecimiento o le destrozan el escaparate; al conductor de que o aparca el autobús o le rajan las ruedas. Otro denominador común de la mayoría de las huelgas son los cortes de carretera, aunque el problema nada tenga que ver con el transporte. Saben que de ese modo habrá un montón de ciudadanos cabreados que presionarán a las autoridades para que el conflicto se resuelva cuanto antes. Con frecuencia se cede al chantaje de las huelgas salvajes. Pues no, las autoridades tienen la obligación de preservar los derechos de los ciudadanos, aunque eso les reste votos. El derecho a la huelga nadie lo discute, pero tiene el límite que tienen todos los derechos y libertades en una sociedad democrática. Hay que respetar los derechos de los demás. De este modo, los servicios mínimos tratan de encontrar un punto de equilibrio entre los derechos de los huelguistas y los del resto de los ciudadanos afectados. La actual huelga de transporte reúne muchas de las características reseñadas (rajado de ruedas, incumplimiento de servicios mínimos), pero, lo que es más grave, vulnera uno de los derechos fundamentales de los más pequeños, niños y adolescentes, que estos días no pueden asistir a los centros escolares porque los huelguistas del transporte se lo impiden. Las autoridades han de ejercer de tales y usar las fuerzas del orden a su disposición para garantizar la asistencia a clase de todos los que lo deseen. Imagínense lo que ocurriría si una huelga bloquease los accesos a un estadio de fútbol e impidiese la entrada de los aficionados a un partido de mediano interés. La huelga no duraría ni media hora, porque en este país el fútbol es muchísimo, pero muchísimo más importante que la educación. Y así nos luce el pelo. Señores gobernantes, déjense de medias tintas, ejerzan la autoridad que han recibido del pueblo y preserven los derechos de todos los ciudadanos, pero sobre todo de los niños y adolescentes. Gracias en su nombre y en el de sus familias.